sábado, 10 de diciembre de 2011

EL JARDÍN DE LOS CINCO SENTIDOS ISLÁMICO

Tomo la expresión de Abderramán Jan (uno de los directores de la Fundación de Cultura Islámica), uno de los grandes especialistas de la jardinería y el agua en el mundo andalusí.


Pues el jardín en el Islam, al contrario de otras culturas, tiene una sensualidad (en cuanto al culto a los sentidos) poco habitual que podríamos resumir de la siguiente manera

Vista (láminas de agua reflectante, colores de las flores sembradas al azar, pinturas en las paredes para el invierno monócromo, utilización de aves exóticas ya sea en libertad como en jaulas exquisitamente decoradas, utilización de piedras preciosas y materiales nobles en fuentes, telas y otro tipos de tramoyas que crearían arquitecturas efímeras dentro del jardín)

Oído[1] (fuentes de surtidor bajo, su borboteo sobre el agua en pilas anchas, a nivel del suelo. Canto de aves. Música de las famosas esclavas cantoras que recogerían la imagen coránica de las huríes)


Olfato (flores, perfumes diluidos en el agua y en grandes quemadores en los pabellones)


Gusto (especies frutales y especias unidas a las comidas al aire libre habituales en palacios y almunias.)
.

Tacto (humedad y microclima gracias al agua, la sombra y la orientación).



A todo lo dicho anteriormente se podría añadir un nuevo tema, el puro goce sexual que se reflejaría en la literatura a través de la imagen de las huríes, y que sería la culminación de todos los sentidos citados.[2]

De la combinación de todos estos elementos, según Georges Marçais, surgiría el tafarruy, entendido como un estado de receptividad en donde el espíritu se dilata y no se busca sensaciones, sino que se ofrecen a las que llegan y se deja que le penetren profundamente[3]. (Una paz interior que realmente no estaría lejos de las ideas orientales sobre el nirvana, que podría estar en contacto con ciertas ideas sufíes en donde el culto a los sentidos puede llegar a provocar una iluminación)[4].
En un nivel inferior crea una belleza en sí misma placentera que (como dice el hadiz Dios es bello y ama la belleza) en el fondo llega al pensamiento de Dios (El verdor y el agua que fluye son cosas amadas, no para beber o comer hierba u obtener algún beneficio, sino por la propia vivión de las mismas. Al Profeta le gustaba el verdor, el agua fluyente (...) las luces, las flores y las aves de hermosos colores, bellas figuras y armoniosas formas, hasta el punto que consuelan y quitan las penas del ser humano cuando las contempla, no buscando ningún beneficio más allá de la simple mirada[5])



[1] El jardín musulmán no es mudo, no es silencioso, sino que se llena de sonidos cristalinos (...) que invaden la sensibilidad llenándola de belleza Lomba, J EL MUNDO TAN BELLO COMO ES.
[2] El goce carnal, lejos de ser pecaminoso, significa una vuelta a la unidad primitiva de Dios; el orgasmo infinito une las parejas de contrarios (JM Puertas LOS CÓDIGOS DE UTOPÍA EN LA ALHAMBRA DE GRANADA). Gran parte del sufismo considera el sexo un acercamiento a lo divino.
[3] Es la inversa del jardín paisajista: una especie de naturaleza de ensueño, que nos conduce a un pensamiento central, a un desmayo del pensamiento en si mismo (Massignon, LOS MÉTODOS DE REALIZACIÓN ARTÍSTICA)
[4] ¡Cuántos amenos lugares se ofrecen a los ojos! El espíritu de un hombre de dulce condición verá en ellos realizadas sus ilusiones dice una epigrafía de la Sala de las Dos Hermanas.
[5] Al Gazzali, IHYA.

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