miércoles, 27 de junio de 2012

PASEOS POR MADRID (2). Por el barrio de las letras. Siglo de Oro, museos y excelentes tapas a las espaldas del Prado


Tradicionalmente olvidada, esta ruta está resurgiendo gracias a las reformas urbanas que el ayuntamiento está realizando en la zona, produciéndose un progresivo proceso de terciarización y gentrificación en el que el turismo tiene un papel fundamental.
La zona se encuentra muy cercana del Paseo del Prado y se encuentra en el antiguo barrio de Huertas, edificadado entre los siglos XVI y XVII. En aquel momento la zona casi era periurbana, llena de huertas regadas por el cercano arroyo de la Castellana (actual Paseo del Prado).
En ella veremos museos, conventos, una traza urbana muy bien conservada, mucha literatura y una de las zonas con mayor concentración de buenos bares de tapas de toda la capital.


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Al Barrio se puede acceder desde varios puntos pero mi lugar favorito es la Plaza de Santa Ana. Allí encontraremos el teatro Español (antiguo Corral de Comedias del Príncipe) y multitud de bares con las mejores cervezas de Madrid. Personalmente, uno de mis favoritos es la Toscana, con una insuperable carne mechada, rabo de toro y callos.
Muy cerca, por el Callejón del Gato, convendría pasar y ver los espejos cóncavos y convexos (sus copias, pues los originales fueron destrozados hace pocos años) en los que se inspirara Valle Inclán para sus famosos esperpentos, en Luces de Bohemia. En la actualidad se encuentran entre las puertas de un establecimiento, las Bravas, que mantiene que tiene la patente de la salsa brava y es una buena recomendación para tomar algo.



Los espejos originales se resguardan en el interior del establecimiento

A su lado, esquina con la calle de la Cruz, se ha recreado un curioso trampantojo que nos recuerda que aquí se encontraba otro de los corrales de comedias más importantes del Madrid del XVII: el de la Cruz


Si regresamos a la Plaza de Santa Ana podemos buscar los cafe-bares emblemáticos de realistas (con Galdós a la cabeza) y románticos (comandados por Larra, Espronceda y más tarde Zorrilla).

Tomemos entonces la calle del Prado y muy pronto nos encontraremos (esquina a León) con o que fuera el mentidero de representantes, lugar de encuentro y negocio de literatos y empresarios.


Tomemos la calle de León de la que ya hablamos aquí y, en su primera bocacalle a la izquierda estaremos ya en la calle Cervantes. Nada más entrar en ella podremos ver el solar en donde estuvo la casa de Cervantes. El lugar en donde se escribiera la segunda parte del Quijote (y enfrente suyo una pequeña trattoría que elabora riquísimas pizzas)

A partir de este momento las sorpresas se sucederán. Medio minuto andando por la calle y llegaremos a la casa Museo de Lope de Vega. Un pequeño y casi desconocido museo con su huerto con limonero y las habitaciones del escritor recreadas con muebles de la época. (Sus horarios son un tanto desconcertantes y, encima, hay que reservar visitas, el teléfono es  91 429 92 16)


Y volviendo sobre nuestros pasos, en la calle Quevedo, el lugar en donde primero vivió Góngora y que Quevedo compró para darse el gusto de echarle.

Estaremos entonces en la calle Lope de Vega, casi enfrente al convento de las Trinitarias, una espléndida obra barroca (aunque muy pocas veces abierta, domingo a las 12 resto de días a las 7 de la tarde) en donde enterraron a Cervantes (Y un poco más arriba, en su misma acera, A Tasca do Bacalao portugués en donde sólo tendréis esto pero de las cientos de formas que nos acostumbran nuestros vecinos. Un lugar francamente recomendable).



A partir de aquí lo más recomendable sería acercarnos a la calle paralela, la famosa calle Huertas en donde podemos seguir descubriendo a nuestros más insignes escritores con sus fragmentos de obras grabados en el suelo o dedicarnos a tapear o, si es hora, a entrar en las decenas de garitos de todo tipo, pelaje y condición, pues nos encontramos en una de las zonas de marcha con más solera de toda la ciudad.

























Si la bajamos llegaremos hasta una perpendicular, Jesús de Medinacelli, en la que giraremos hacia la izquierda
En esta calle nos interesa la talla del Cristo (de finales del XVI y con tradición de milagrero, con larguísimas colas todos los primeros viernes de cada mes) y toda una serie de bares y tascas: los montaditos del Gato Negro, el cocido de   Daniela, la cerveza mejor tirada de Madrid en la Dolores o el Cervantes y sus tostas de gambas, su bacalao,... Bueno lo mejor es que lo descubráis por vosotros mismos y toméis fuerzas para nuestro último tramo.

Tomaremos la calle de Jesús ahora en sentido contrario hasta llegar a una perpendicular (Buen Gobernador). El paseo nos dará nuevas zonas de tapeo y unas casas verdaderamente espléndidas de fachadas pintadas de fuertes colores entre los que destacan sus magníficos balcones.

En Buen Gobernador giraremos hacia la izquierda y, bajando la cuesta, nuestros pasos nos conducirán hasta el Caixafórum, una antigua central eléctrica elevada del suelo en una arquitectura verdaderamente impresionante, con jardín vertical y una oferta cultural amplia y gratuita (exposiciones, conciertos, conferencias...) que ya explicamos aquí.
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Si el paseante quiere continuar su ruta, aquí puede conectar con el que planteamos con el Paseo del Prado, uno de los grandes ejes turísticos de Europa.



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