lunes, 22 de octubre de 2012

LA ALHAMBRA. ALICATADOS DE AGUA


Retomo otro de los temas que me fascinó del último libro de Puerta Vílchez que habla de la sugestión de superficie acuosas en algunos alicatados del la Alhambra como estos que se muestran en la fotografía de inicio.
En ellos, el movimiento del agua es figurado por los aliceres de lados curvos.
El profesor lo pone en relación con ciertas descripciones de dichos azulejos dadas por Ibn al-Jatib, que los denomina "ondeante mar"

Junto a ello no hay que olvidar algunos aspectos típicos de la estética islámica.
Por una parte, tal y como afirma Burckhardt, la estética de lo reflejado, aquello que no es sino pura apariencia, es una metáfora sobre la unidad de Dios y la aparente multiplicidad de lo real que, sin embargo, un solo soplo de viento destroza, demostrándonos lo ilusorio de nuestras percepciones (Para saber más, ya hablamos de estas cuestiones aquí)

Un segundo aspecto es el gusto por lo híbrido que siempre mantiene el arte nazarí (ya hablamos de él respecto a la fusión poesía-arquitectura). En este sentido lo sólido (la pared, los azulejos) se vuelve fluido, intercambiando los valores de la percepción para hacernos ingresar en el ensueño que tanto puede analizarse en clave puramente sensorial (a la que tanto acostumbra la estética islámica) como teológica (retomando la reflexión anterior de Burckhardt).
Una fórmula pareja sería el fenómeno de los ondulantes reflejos de las albercas sobre las yeserías, que también las vuelven fluyentes al ojo, volviendo incorpórea la arquitectura y engañando a nuestros sentidos (o sugiriendo nuevas formas de realidad)

Por último, y a modo de simple sugerencia, ¿No son los peces que habitan las albercas nuevos atauriques de colores que forman dibujos sobre el agua, como azulejos vivientes?

























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