miércoles, 7 de noviembre de 2012

LO INFRALEVE EN MARCELL DUCHAMP



Cuando el humo de tabaco también huele a la boca que lo exhala, los dos olores se casan por infraleve

Inframince lo llamó Duchamp, traducido al castellano como infraleve o infrafino (J.A Ramírez)
Como casi todo en Duchamp se trata de un término intencionadamente oscuro (según Ramírez de orígenes matemáticos basados en el espacio n-dimensional) que habla de aquellos estadios intermedios, indecisos, tan típicos de ese arte impuro que inaugurara el artista (Aurora de Polanco) que busca las cosas que no pueden asirse pues son mezclas, híbridos, unas energías impuras y por ello sumamente vividas.
Pues lo infraleve no es sino un proceso, un paso de una cosa a otra, intangible pero existente, como los conceptos de la física subatómica o del propio tao. Un concepto anticlásico en donde el discurrir supone el existir, energías en pleno proceso de cambio como podría ser (como apunto J. A Ramírez en su última conferencia en el Reina Sofía) el hacer girar la rueda sobre el taburete y ver a través suyo (y por ello toda tipo de actividades humanas que se pudieran generar en sus ready).
Como él mismo diría lo pulido o lo tornasolado sería infraleve, pero también lo podríamos ampliar a todo tipo de reflejo que habla de esas realidades mestizas que se producen en las aguas o los cristales en donde se entremezclan mundos imposibles, como la fotografía que abre el artículo, precisamente realizada en Cadaqués, la patria chica del artista.

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