miércoles, 5 de junio de 2013

ESTÉTICA ORIENTAL. WABI-SABI

Nada dura, nada está completado y nada es perfecto
Richard R. Powell



Como habla Okakura acerca de las casas de te son "Casas de la Asimetría, porque están consagradas al culto de lo Imperfecto y porque adrede se deja en ella algún detalle inconcluso para que las imaginaciones juguetonas lo rematen a su placer"

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Esta belleza imperfecta es una de las manifestaciones más típicas de la estética wabi-sabi. La sencillez, impermanencia, modestia, lo incompleto.

Muy probablemente se encuentren originalmente emparentadas con ideas budistas que desprecian la realidad (samsara)  como una simple máscara de lo inmanente (nirvana), insistiendo así en la imperfección y escasa durabilidad de la primera para que no caigamos en sus redes y la consideremos como única verdad.

Precisamente por ello se insiste con tanta intensidad en la idea de fugacidad que a su vez nos lleva a suaves sentimientos de serena melancolía, de desconsuelo y soledad que, a su vez, potencian el ansia de vivir (el carpe diem occidental) en un flujo constante en donde la felicidad se consigue en la aceptación y el cambio perpétuo más que en las categorías estables y racionales de lo occidental.


Pues al contrario de la belleza europea (absoluta, abstracta, autosuficiente por si misma), en lo oriental la belleza sólo se vislumbra en pequeños destellos que tiene que completar el propio espectador. La belleza es así algo interior y subjetivo que tanto influirá en el arte contemporáneo.
Precisamente por ello Tanazaki insistirá tanto en la penumbra como escenario perfecto para la contemplación

Esta estética de wabi-sabi la podemos encontrar tanto en los ikebanas como en la caligrafía (sodo), en la contemplación de los cerezos en flor, las lacas, los haikús ...

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