jueves, 1 de agosto de 2013

Santiago Giralda. Rendering Landscapes. Jura.


Entre las distintas exposiciones que organiza la Casa Encendida de Madrid, existe una cita anual que me gusta especialmente, la llamada Generación, en donde se expone una colectiva de obra joven.
La calidad y rigor en la selección de los artistas (que suele huir de lo fácil y aparente para rastrear buenas obras) hacen de estas muestras un buen muestrario de artistas jóvenes.
En esta de 2013 me llamó especialmente la atención la obra de Santiago Giralda (Madrid, 1980) y su obra Rendering Landscapes. Jura.

Aunque en principio no reparemos en ello se trata de un políptico (cuatro tablas), dos de ellas pintadas y dos monócromas que lo encuadran.
Las dos centrales, desde la distancia (en la entrada de la propia sala) nos recuerda indefectiblemente los paisajes orientales de lagos y montañas, con todo su encanto pintoresquista.

Sin embargo, según nos acerquemos veremos nuestro error.
La pintura es, en realidad, una suma de pinturas. Un complejo ensamblaje de técnicas en donde nos encontraremos con dibujo, materia, imágenes tratadas por ordenador, puras formas geométricas...

No es extraño que el comisario de la muestra (Mariano Navarro) saque a colación a Cezanne al hablar de la obra y su idea del paisaje como una construcción mental en donde el exterior se transforma (a partir de la sensibilidad, la capacidad técnica o, en la presente obra, la manipulación informática) para convertirse en un objeto de contemplación (y meditación) en donde el políptico adquiere todo su razón de ser, el mostrarnos la idea de construcción, de artificiosidad que no comprendíamos desde lejos.

Hay, por tanto, toda una operación mental (como la que afecta a la propia mirada, como ya comentamos en otra ocasión) que el espectador cercano, ya lejos de los encantamientos de las apariencias, puede explorar a placer encontrando fragmentos deliciosos, sublimes o puramente cotidianos.

En este promenade del detalle  nos alegraremos, fascinaremos o, simplemente, nos quedaremos fríos, pudiendo reconocer formas o inventarnos nuevas, rastreando apariencias o conociendo pequeñas certezas. Una actividad pausada que nos reconciliará con la pintura y la importancia el autor escondido tras ella que nos hipnotiza con cientos de pequeños secretos.





















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