lunes, 3 de febrero de 2014

DUCHAMP. TRES OBJETOS/REALIDADES ERÓTICOS/AS


Entre las obras que conserva el Museo Reina Sofía sobre Duchamp hay tres que, encerradas en su vitrina, suelen pasar desapercibidas al público.
Sin una fecha precisa de realización, hay que incluir en el largo proceso de gestación de su última gran obra Etant Donne, el verdadero reverso del Gran Vidrio.
Como decía nuestro añorado J. A. Ramírez, una de las obsesiones del artista es el sexo. Evidentemente seguía las líneas marcadas por el surrealismo (como ya pudimos ver en Dalí , el Picasso de sus bañistas o en Giacometti siguiendo las ideas especialmente de Bataille). Un sexo ambivalente, oscuro, amenazante.

Hoja de parra

Además de esto, en Duchamp, como siempre, hay algo más.
En dos de ellas queda la presencia. El molde de la Hoja de Parra o la cuña de castidad son moldes realizados sobre modelos vivos (como su famoso moflete), quedando en ellos un cierto calor (algo verdaderamente infraleve) del humano (como se ve, siempre algo de arte impuro, pues más que objetos son recuerdos, pequeños índices de la realidad, como lo eran las reliquias en el mundo medieval o barroco).


Objeto dardo

El Objeto dardo parece más evidente y tal vez habría de relacionarlo con sus ready made dispuestos a ser utilizados con gran escándalo, por supuesto.
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Cuña de castidad

En todos ellos el amor se ha resulto en una sexualidad explícita que no dudarán en tomar autores posteriores (como Koons o López Soldado) que, sin embargo, más que goce encierra violencia, imposibilidad, rechazo, como si lo sexual fuera siempre más un límite imposible que sólo funciona correctamente en el mundo de los deseos pero no de las realidades.


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