martes, 29 de abril de 2014

BACO EBRIO. UN MIGUEL ÁNGEL TEMPRANO ... Y ALGO MÁS


Apenas tenía veinte años Miguel Ángel cuando esculpió esta figura exenta, de tamaño mayor del natural, para el cardenal Riario, un gran coleccionista de obra antigua, aunque no debió ser de su gusto, pues pronto fue vendido un banquero llamado Jacopo Galli para su jardín de antigüedades
La obra revela el conocimiento que tenía el artista de la escultura clásica, pues no en vano se había formado en el entorno de la academia de Lorenzo de Medici y sus colecciones de antigüedades.

En la obra hay una curiosa mezcla entre el cansancio y laxitud de Lisipo y las formas melancólicas y ambigüedad típica de Praxíteles que tan de moda estuvieron a finales del Quattrocento gracias a la obra de Botticelli
El propio tema era perfecto para esta época medicea, el lujo y voluptuosidad de su corte de grandes humanistas que amaban tanto la época antigua como la vida regalada (la copa  de vino, la exótica piel de leopardo, el travieso y quizás algo más sátiro que juega con un racimo de uvas...)

Pero la escultura tiene algo más... Se trataba de una falsificación.
No era la primera vez que Miguel Ángel lo hacía (es famoso su Cupido a través del cual conoció al cardenal Riario).
Con mecenas ansiosos de fragmentos antiguos, con todo el dinero para gastarse, el negocio era lucrativo (también, un siglo después, Bernini comenzó así).
La escultura estaba hecha para ser expuesta como copia romana y así se hizo en el jardín de su último dueño, que incluso llegó a mutilar una de sus manos para hacerla parecer más antigua.

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