miércoles, 9 de abril de 2014

EL PATIO DE LA ACEQUIA EN EL GENERALIFE. PRESENTE Y PASADO 2


Éste (o su imagen medieval) ha sido objeto de numerosas polémicas, aunque las excavaciones realizadas en  los 60 (Bermúdez Pareja), y los posteriores sondeos palinológicos (2003) están empezando a darnos una visión mucho más certera.

En primer lugar, los cuarteles que crea el crucero, estaban mucho más hundidos de lo que observamos hoy (unos 45 cm), como pudo ocurrir en el Patio de los Leones o ya se ha demostrado en el Patio de la Casa de la Contratación de Sevilla.
Este rehundimiento permitía varias cuestiones. Estéticamente, el paseante por los andenes vería el jardín desde la altura, e incluso alguno de los elementos vegetales más altos no impedirían la visión del resto de la arquitectura (en las excavaciones se han encontrado cavidades más profundas en forma de timbal sobre la roca madre que amplían el escaso suelo).

De forma práctica, permitía el riego a manta del mismo a través de unos pequeños desaguadores (atanores) insertados en la propia acequia y descubiertos en las excavaciones de los 60 (Bermúdez Pareja)

Otro de los puntos polémicos de este patio han sido sus saltadores. Ha menudo se ha criticado su ruido excesivo y se ha supuesto una contaminación renacentista de tiempos ya cristianos.
Sin embargo, la opinión de Tito Rojo y Casares Porcel pone entre interrogaciones esta idea, tanto por los saltadores que existían en otros lugares como por documentos escritos muy cercanos a la conquista (el verso de Ibn Zamrak: las aguas aplauden). Evidente no podemos asegurar nada, pero tampoco negarlo.

Un tercer punto controvertido ha sido la estructura del propio jardín. El análisis del polen en niveles bajos (los que ocuparía el jardín nazarí) han revelado numerosos datos que nos permiten establecer una serie de conclusiones aún parciales.

Por una parte ha aparecido una gran cantidad de polen de arrayanes (o mirtos) que, si tomamos el ejemplo del Patio de Arrayanes, se puede suponer plantado en torno a la acequia como setos bajos.
Otra especie muy abundante ha sido el ciprés. Es muy posible (según documentos de la época anterior y posterior a la conquista) que estos cipreses (y acaso también laureles, también encontrados) fueran la materia para un arte topiario que crearía muros más o menos densos gracias a la apertura de arcos, tal y como podemos observar ahora en los jardines nuevos del Generalife, creados por Torres Balbás y Prieto Moreno o, incluso, formas zoomorfas.




Otras especies encontradas son los cítricos (cidros, naranjos) que, o podría ser utilizados como arbustos en maceteros o, como debió suceder en la fuente Redonda, ser trabajados con espalderas para crear con ellos formas arquitectónicas.

 Entre las plantas de flor se han encontrado restos de jazmín (acaso trepadoras en rincones o ¿en el pabellón central junto a una base de cipreses y laurel?) y rosa blanca, pero muy pocas de carácter anual, como hoy vemos.

Esto, unido a la gran cantidad de polen de gramíneas, ha hecho pensar a los autores del sondeo en un prado de hierba con pequeños puntos coloridos por flores plantadas al azar. (Un patio verde que forma como un prado con algunos árboles, como dijera Navajero en el siglo XVI)


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