domingo, 8 de junio de 2014

PALAZUELOS. UN PUEBLO AMURALLADO TAN CERCANO A SIGÜENZA




A cinco kilómetros escasos de Sigüenza (realmente es una pedanía de la villa), en un valle abierto que en primavera se tiñe del verde del cereal, el viajero puede encontrar un lugar poco frecuentado por el turismo que realmente merece un buen paseo.

Un paseo para ver su perímetro amurallado (bastante conservado) que mandó edificar Íñigo de Mendoza en el siglo XV (aunque antes la villa había estado en manos de Alfonso X)

De potentes lienzos de mampostería y torres semicirculares con saeteras, posee cuatro puertas.




Tres de ellas se presentan en codo, al modo musulmán.



En la plaza Mayor se puede encontrar el típico rollo o picota para las justicia (aquí ya lo explicamos) y, en mayo, el típico árbol cortado.

La iglesia, encajonada entre casas, posee una simple portada románica.

El pueblo, semiabandonado en muchas de sus casas, muestra el encanto de los lugares aún no demasiado engalanados para el turismo por el que apetece perderse escuchando las golondrinas y, si tenemos la suerte de llehgar en primavera-verano, ver cómo las flores nacen como nuevos habitantes entre las ruinas.














































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