miércoles, 6 de agosto de 2014

PASEANDO SOBRE UN MIRÓ EN LAS RAMBLAS


Muchos paseantes de las Ramblas ni siquiera se dan cuenta de estar paseando sobre una verdadera obra de arte, la que Miró quiso donar a la ciudad.
Muy cerca de la Boquería, en lo que fuera su portal con las puertas musulmanas traídas desde Almería por Berenguer IV, actual plaza de l' Os, se encuentra este curioso pavimento (muy cercano, además, del lugar en el que naciera Miró).
Si os paráis a observarlo veréis las típicas características del pintor en sus últimas etapas: su paleta de colores primarios (fuertes y sin sombras), el juego de formas que los enlazan a través de potentes líneas negras, la contención en los detalles por el diseño global...
Su material (cerámica vidriada) fue profusamente utilizado por el artista en sus últimas obras, como muy pronto analizaremos. Un material resistente al exterior, perfecto para sus colores brillantes que le sirvió para sus obras públicas en el intento (tan caro para la vanguardia) de unir arte y vida, sacando el arte de los museos para acercarse al espectador.

Pero esta obra va un paso más allá, el de dejar participar al espectador, que ya no es un sujeto pasivo que recibe una información visual. Por el contrario, es un juguete gigantesco, un juego urbano puesto en uno de los lugares más simbólicos de la ciudad en donde el paseo se ha convertido en la actividad fundamental.

Quien pase por él podrá integrarse en la obra y volverse un poco niño (una de las premisas fundamentales para acercarse a la obra mironiana) y simplemente jugar con los colores y las posiciones, como una rayuela gigantesca (Cortázar utilizaba constantemente esta idea del juego urbano, derivada de los situacionistas franceses) en donde el cuerpo se pone en relación con el espacio y el entorno (lo cenestésico que ya analizamos en relación con el barroco).
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Pisar el punto rojo, desplazarse por las líneas, entrar y salir ante el asombro del resto de los paseantes (y su complicidad posterior, como varias veces yo mismo he podido comprobar). Una experiencia lúdica en medio de la seriedad, dejándonos llevar por la pura diversión, sin grandes teorías; simplemente placer de estar vivos y movernos

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