jueves, 25 de septiembre de 2014

LA RESURRECCIÓN DE PIERO DELLA FRANCESCA


Pocas obras tan geniales de un autor de obra escasa pero siempre de altísima calidad.
Tras el fin del control político que tuvo Florencia sobre Sansepolcro (1556), se decidió remozar el palazzo Comunale, encargándole a Piero en los años sesenta la creación de esta pintura mural.
Esta ubicación ha hecho pensar a muchos historiadores en un mensaje político (superpuesto al puramente religioso) sobre el buen gobierno como una forma de delegación divina, así como sus propios efectos (tal y como veremos posteriormente) o, incluso, la ociosidad del ejército en el buen gobierno (basándose en los soldados dormidos).

Lo cierto es que, sea cual fuera la interpretación, la escena representa la resurrección, solemne, de Cristo, que inaugura un nuevo mundo. Es la renovatio mundi del paisaje invernal y muerto de su izquierda a la Naturaleza en pleno esplendor de su derecha (en este punto ambas naturalezas también podrían interpretarse como el mal y buen gobierno en clave simbólica, siempre tan cara al pintor).
Compositivamente la obra es todo un prodigio geométrico.

El grupo central se organiza en trono a un triángulo equilátero cuyo eje axial es Cristo.
Sobre esta forma primordial se establecen multitud de líneas secundarias que generan nuevas relaciones entre las distintas partes del cuadro, iniciándose en las posturas de los soldados.
Por otra parte, Piero trabaja la perspectiva de una forma original. Crea dos grandes líneas de fuga por medio de los árboles, aunque divergentes, creando un verdadero eje de fuga en el propio Cristo.

Los volúmenes de los cuerpos, unido a un minucioso claroscuro de sus paños y el hieratismo de sus rostros crea las típicas figuras solemnes, tan modernas como poco comprendidas en su momento

















  FOTOGALERÍA ENLAZADA DE PIERO DELLA FRANCESCA

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