jueves, 2 de octubre de 2014

EL GALO MORIBUNDO


La Primera escuela de Pérgamo genera dos grandes obras de semejantes iconografía (la celebración de la victoria a través de la figura del derrotado) pero profundamente diferentes a la hora de ser planteadas.
Pues si el Ludovisi es teatral y exagerado en sus gestos, todo lleno de vigor y movimiento (también del espectador girando en torno suyo); el Galo moribundo es una imagen patética, profundamente intimista, en la que el autor se aproxima al tránsito de la muerte con respeto y algo de pudor.

Este Gálata, ya herido, aguanta su cuerpo con las últimas fuerzas que le quedan, un segundo antes de desplomarse para siempre, insistiendo en este carácter transitorio de la vida, del instante supremo que está en las antípodas de la belleza ideal y eterna del clasicismo (fijaros simplemente en el Doríforo de Policleto).


Deslumbra también el fino realismo con el que está tratada la anatomía y el rostro, pocas veces superado en el arte griego

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