sábado, 18 de octubre de 2014

Mújica Láinez. UN NOVELISTA EN EL MUSEO DEL PRADO


Muchos recordarán al autor de Bomarzo o el Unicornio, Mújica Láinez.
En esta obra, y sin perder su sentido de la historia y el arte, el autor ha pretendido jugar un juego de enredos, de imaginación y humor entre los personajes que pueblan el museo del Prado.
Y así, un ángel de Tiépolo puede perderse en el Jardín de las Delicias del Bosco, o el Primo de Velázquez componer una pieza teatral basada en la Bella Durmiente para el público real del museo.
El lector encontrará concursos de elegancia o la lucha incruenta entre el carro de Baco y el de Heno; rifas benéficas de las grandes señoras del Prado o su intento (catastrófico) de hacer un jardín botánico.

                                                  
Y es que los cuadros, cerradas las puertas del Museo, vuelven a su vida y, observados por el escritor, crean enredos y otras historias fabulosas, como la lujuria del Caballero de la Mano en el Pecho y sus relaciones con la Maja de Goya, las fiestas galantes de Watteau que confunden la barca y en vez de bogar hacia Citirea se acercarán peligrosamente a la laguna Estigia de Patinir.

Un inteligente (y a la vez tan real como inocente) juego con los personajes pintados, como el intento de fuga de las Inmaculadas del Museo por la Puerta de Goya o la Gioconda que llora mientras el Coloso de Goya crea enormes desmanes hasta que un personaje del Bosco le neutraliza.

Una colección de cuentos tan bellos como tiernos, con su nota de humor (y crítica) que aún le hacen más agradables aún

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