lunes, 17 de noviembre de 2014

Análisis y comentario de la Mezquita de Córdoba



 PLANTA.  (Aquí puedes ir viendo explicadas cada una de las partes de una mezquita)
Nos encontramos con una planta inscrita en un rectángulo en la que podemos diferenciar dos grandes partes. La primera de ellas, sin techo, es el patio o shan en donde se encuentra la fuente de abluciones (no visible en la planta) que serviría para los lavados preceptivos de los fieles, y el alminar o minarete para la llamada a la oración que realizaba el muecín, construido en tiempos de Abderramán III.

      La parte interior, techada, se corresponde con el haram o sala de oraciones. Se estructura a través de naves longitudinales paralelas y separadas por columnas, siendo la central (maxura) más ancha. Todas ellas conducen al muro orientado hacia la Meca o quibla en donde se encuentra un ábside de planta de herradura llamado mirab.
     El conjunto interior no posee simetría debido a las numerosas ampliaciones, en especial la de Almanzor, que amplió la mezquita con ocho naves anejas. De esta forma mirab y macsura quedan desplazados hacia nuestra derecha. (Dichas ampliaciones, necesarias por el crecimiento de la población, son visibles, en planta, por la aparición de pilares de distintas formas que interrumpen las filas de columnas).

   Maqueta del Museo Arqueológico de Madrid

 Existe, por lo demás, un pasillo tras el mirab que, en tiempos califales, conectaba con el palacio dejando un paso sin peligro al califa que asistía a la oración protegido, luego, dentro de la maxura.

ALZADO.  


Según podemos observar en la foto del interior, el alzado se realiza a través de columnas de mármol monolítico en muchas zonas reutilizadas de otros edificios anteriores. Estas no poseen basa, siendo su capitel de un estilo compuesto muy simplificado. Sobre él se coloca un cimacio que recuerda la influencia bizantina sobre el arte islámico (aunque en este caso diferida, pues su conocimiento se debió tener a través de la arquitectura visigoda).
    Desde este cimacio, enjarjados, nacen los arcos de herradura califal (de origen visigodo, aunque mucho más cerrados) que poseen una alternancia cromática en sus dovelas realizadas en piedra blanca y ladrillo.

     Para conseguir una mayor altura se superpone una segundo piso, esta vez de pilares, que se apoyan sobre el cimacio. A fin de proporcionarles una mayor superficie de sustentación, este cimacio agranda su base gracias a unas ménsulas realizadas a través de modillones de rollos.
    Estos pilares se unen en altura por medio de arcos de medio punto que sirven de tirantes.
  Todo el sistema de sustentación parece inspirado en el acueducto romano de los Milagros de Mérida, lo cual demuestra la capacidad de asimilación de la que siempre hará gala el arte islámico.

  Nos encontramos con arcos polilobulados de tres y cinco lóbulos que corresponden a la ampliación de Al-Hakem II (en la maxura). En ella hacen aparición arcos polilobulados y entrecruzados realizados en yeso, sin verdadero, valor estructural que inciden en un mayor sentido decorativo.

  Podemos observar en el plano la existencia de paredes exteriores apenas caladas (predominio del muro sobre el vano) que se refuerzan por medio de contrafuertes. La distribución de las puertas se realiza a lo largo de los muros, sin que aparezca una entrada o fachada principal del monumento. Una de las más antiguas (San Vicente) con arco de herradura con alfiz y un remate de merlones.

     La amplitud interior, así como la ausencia de ventanas en el muro, provocan un interior poco luminoso que propiciara la oración.

 LA CUBIERTA. 

       Nos encontramos ante la cubierta de la maxura en su tramo anterior al mirab que, por motivos ideológicos, es la parte más importante del edificio. (En ella se colocaba, durante la oración, el califa).

    Su construcción se realizó en tiempos de Al-Hakem II, siendo una bóveda califal compuesta de una de nervios con centro libre que ocupa una bóveda gallonada de perfiles cóncavos y convexos. Su construcción se realiza con materiales ligeros (yeso), lo cual permite una sustentación en las delgadas columnillas que tienen más un efecto óptico que verdaderamente estructural.

        A ambos lados de esta bóveda, se encuentran otras dos de nervios con centro libre.


            DECORACIÓN.
       Mientras que en las naves el efecto decorativo es producido por la repetición de columnas y arcos con alternancia cromática en sus dovelas, en la zona de la maxura, ésta se vuelve mucho más refinada y cuidada.
   En ella aparecen técnicas y motivos típicos del periodo califal. Entre las primeras encontramos las placas de mármol en las paredes y mosaicos en la cubierta, utilizando celosías en los vanos cuya misión es la de filtrar la luz exterior.

      Las formas decorativas son todas antifigurativas, tal y como imponía la religión islámica para evitar la idolatría. Distinguimos, entre otras, la epigrafíade letras cúficas que compondrían textos del Corán, los atauriques o flores geométricas que se entrelazan, así como lacerías en las celosías.


     Toda la decoración pretende crear una sensación de riqueza, dando una sensación de infinitud y movimiento perpetuo regido por la geometría y la repetición rítmica potenciada por el color.
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COMENTARIO.
     La mezquita aljama de Córdoba puede ser considerada como el momento culminante del arte islámico califal en la Península, tanto por su perfecta adecuación al rito como por su asimilación y utilización de técnicas y motivos anteriores que crearán un verdadero corpus arquitectónico que será seguido en numerosas obras posteriores.
     Frente a los modelos cupulados utilizados en la zona oriental (Mezquita Solimán, Estambul), los arquitectos occidentales prefieren desarrollar la idea de planta divididas en naves por columnatas, ya presentes en el mundo clásico (como en las basílicas) que generaran una amplia sala en donde se pudiera reunir a toda la comunidad para la oración del viernes. (En este aspecto siguen la tradición marcada por la mezquita de Damasco).
      Para su alzado se reutilizaron columnas y técnicas visigodos (como el arco de herradura), empleando un sistema de doble piso heredado de la arquitectura romana (acueducto de los Milagros) que conseguía una mayor altura sin necesidad de multiplicar soportes que interrumpirían el espacio interior.
   Sobre estos condicionantes, la decoración cumpliría la función de remarcar ambientes, en especial en la zona de maxura-mirab, reservada a las altas jerarquías y símbolo, a la vez, de la divinidad y de su representación terrenal.
    Para su realización se utilizaron materiales de larga tradición, como las placas de mármol labradas a trépano o el mosaicos que se habían iniciado en Roma continuándose en el arte bizantino. De hecho, para la realización de los mosaicos se contó con la ayuda de técnicos enviados por el emperador de Bizancio (Nicéforo Focas) que crearon escuela.



 Maxura de la mezquita
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   Los propios arcos falsos de la ampliación de Al-Hakem II activan la superficie a través de su movimiento, siendo profusamente utilizados en estilos posteriores, como el taifa, tal y como puede observarse en la Aljafería de Zaragoza.

    Aljafería. Salón del trono

Junto a ella, la luz juega un importante papel, especialmente en la zona de la maxura. Para proporcionarla una mejor iluminación se crearon bóvedas de enorme repercusión posterior (tanto en el ámbito islámico, como el Cristo de la Luz, como en el cristiano, tanto prerrománico, arte mozárabe, como románico, Torres del Río, Almazán) de materiales ligeros que permitían la apertura de vanos que iluminaban de forma cenital la zona. Su origen habría que encontrarlo en las arquitecturas bizantinas.

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El resto del edificio quedará en una penumbra suave que ayudaría a crear una sensación de espacio ilimitado a través del ritmo de columnas y arcos, de amplia acogida.
Se encuentra mucho más valorado (como es normal en la arquitectura islámica occidental) el espacio interior que el exterior, más sobrio y sin fachada principal, siendo tan sólo remarcables las puertas tripartitas que se abren en los muros.

       Maxura

Aunque su construcción sea un largo proceso, habría que señalar dos momentos culminantes en ella. La primera intervención (Abderramán I) que dio las pautas claves en planta y alzado, y la realizada en tiempos de Al-Hakem II con su reforma de la maxura y mirab de exquisita decoración y un fuerte sentido propagandístico del califato (la oración del viernes se precedía de comentarios del Corán, así como de lectura de todo tipo de documentos políticos realizadas desde el mimbar) que pretendía deslumbrar al fiel a través de la riqueza de sus muros y los efectos lumínicos.

Esta forma de unir arte y política se encuentra tanto en este monumento como en otro contemporáneo del mismo califa, como era el palacio de Medina Zahara con su gran sala de recepciones o Salón Rico que conocemos más por testimonios escritos que por los restos que aún conservamos.


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