martes, 30 de diciembre de 2014

LAS PLAÑIDERAS de la tumba Sancho Sáiz de Carrillo, Gótico lineal


Una obra clave para comprender cómo el mundo (en el siglo XIII) estaba cambiando, tanto en estética como en ideología, como ya explicamos aquí. Puro gótico lineal
Ideológicamente (y como ya vimos en otra ocasión) el hombre ha comenzado a ganar importancia, aparece el individuo frente a las categorías románicas.

También nos ha aparecido lo más típico de la subjetividad: los sentimientos. Este llanto (pagado y aún ritualizado) rompe con el hieratismo anterior y nos muestra que este mundo está ganando importancia frente al Más Allá (y de ahí la importancia que va adquiriendo el monumento funerario)
Aún más, está cambiando la propia concepción de la muerte. Con lo humano y terrenal ganando importancia, estamos rompiendo con la idea del valle de lágrimas anterior. La muerte ya no es una liberación de este terrible mundo para ingresar en la gloria del Otro. Ya no. Ahora la muerte es tragedia, pues se acaba la persona. (Se puede comparar esta nueva idea viendo el martirio de Boí)

En lo estético estas ideas se plasman en un nuevo canon (mucho más esbelto) concebido como nueva forma de belleza (tal y como desarrollará el gótico), una ruptura de la isocefalia, frontalidad estricta y la pura simetría para permitirse los detalles (como un rasgo de individualización), buscando el movimiento (sinuoso en cuerpos, cabellos y líneas de composición) y sobre todo la expresión frente al hieratismo anterior (en este caso del dolor, como veremos en los personajes sagrados).

Para verlo claramente se puede comparar esta obra con las pinturas de Santa María de Tahull
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