martes, 2 de diciembre de 2014

SAN MIGUEL DE ESCALADA. LEÓN


Dentro del arte mozárabe o de repoblación existe todo un grupo de planta longitudinal (San Cebrián de Mazote, Santiago de Peñalba, Santa María de Wamba, San Miguel de Osma), como ésta de San Miguel de Escalada.

En realidad nos encontramos con el resto de un conjunto monástico levantado por el monje Alfonso en 913 quien, acompañado por unos compañeros emigrados de Córdoba, crearon una estructura que mezclaba las tradiciones prerrománicas (visigodas y astures) con detalles de influencia islámica.

Su planta deriva de la tradición paleocristiana (como ya vimos aquí) con múltiples ejemplos en España que se trasladaría al mundo visigodo (San Juan de Baños) y astur (San Salvador de Valdediós). 

Tres naves que culminan en ábsides de herradura al interior y cuadrangulares al exterior, con una clara separación de espacios (que ya analizamos aquí) por medio de un iconostasio (la pérgola paleocristiana que pasará al mundo visigodo y asturiano, como la famosa de Santa Cristina de Lena).

 Se crean así tres ámbitos: naves para los fieles, coro tras el iconostasio para los diáconos y altares para los presbíteros (varios debido a su carácter monacal).



Junto a este iconostasio, es especialmente relevante el gran pórtico lateral que sigue la tradición de San Salvador de Valdediós y será la base para la extensión por Castilla de estos pórticos en el Románico que ya analizamos aquí.



Las columnas son monolíticas, con característicos capiteles de corintio simplificado de excelente talla que se repetirán por toda la zona (desde las zamoranas de San Cebrián, las cántabras de Santa María Lebeña), posiblemente obras todas de un mismo taller que bien conocía la tradición visigoda (las puedes comparar con las de San Juan de Baños), enriqueciéndolas con un trabajo más sutil y libre en los detalles de una enorme plasticidad.





En cuanto a los arcos nos muestran las claras influencias del mundo emiral, pues son de herradura cerrada y rodeados de alfiz, tal y como ya se hacían en Córdoba en el siglo X.





De la misma manera se conservan espectaculares modillones de rollos (tomados desde la Mezquita de Córdoba, aunque posteriormente decorados con motivos célticos de origen visigodo).

O celosías, entre lo visigodo-astur y lo islámico

En cuanto a las cubiertas encontramos  la madera de la nave central (que evita pesos).

Junto a ellos (ábsides) tradiciones bóvedas de arista adaptadas al espacio

En el templo encontramos numerosos restos escultóricos, como este antiguo cancel del iconostasio de motivos florales de origen godo.

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O los arquitrabes con palmeras o animales afrontados o encerrados en roleos del mismo origen (que proceden del mundo sasánida como ya analizamos en Quintanilla de las Viñas)















































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