viernes, 23 de enero de 2015

LAMENTACIÓN SOBRE EL CRISTO MUERTO. MANTEGNA


Tal vez (junto a sus frescos de Mantua para los Gonzaga) la obra más famosa de Mantegna.
Siempre se ha hablado de su tremendo escorzo (representación en perspectiva forzada de un elemento) que impresionaría a generaciones posteriores (desde Tintoretto a Rembrandt).
Y es que uno de los rasgos más característicos del pintor es su interés por la perspectiva lineal, siguiendo la línea de investigación de la primera parte de Quattrocento de Brunelleschi, Alberti, Masaccio,  Ucello o Castagno (fijaros en este cuadro y veréis todo lo que debe Mantegna a este pintor) frente a la moda florentina de la segunda mitad del XV que la dejaba en un segundo término (como ocurría con Botticelli).

Venus y las Tres Gracias. Botticelli

Como ocurría con Piero della Francesca, Mantegna es un pintor contracorriente que abandonaba la grazia o el carácter narrativo, por la investigación visual, apostando por la representación del espacio ilusorio (como los famosos trampantojos de la Cámara de los Esposos), en donde las líneas de fuga creadas en el cuadro (en este caso el propio cuerpo de Cristo) consiguen engañar a nuestro ojo y convertir en tridimensional lo que es una superficie plana (el lienzo). (Por cierto, y aunque sólo verdaderamente visible cuando se observa el cuadro en directo en la Galería de Breda, el juego perspectívico es de tal calidad que permite al espectador experimentar diferentes puntos de vista y ver cómo la figura del Cristo se alarga o encoge según la posición del espectador)

Junto a todo esto, esta obra nos puede servir para conocer otras características relevantes del pintor.
Si nos fijamos en el cuerpo de Cristo y aún más en las dos figuras femeninas que lloran junto a él, poco hay de la idealización renacentista más clásica (como la del citado Piero o Botticelli).
Por el contrario, su realismo que no huye de lo desagradable o los propios plegados de los paños, tan duros, están muy cerca del estilo de los primitivos flamencos con los que se relacionaba con frecuencia en el Norte de Italia.
Es también típico de su estilo la preponderancia que adquiere el dibujo que genera unos contornos acerados, muy atento a todos los detalles, que ha menudo se ha puesto en relación con la escultura (aunque también muy cercanos a los primitivos flamencos).

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