miércoles, 11 de marzo de 2015

DOS ANUNCIACIONES PARA COMPARAR LA EVOLUCIÓN DEL ESTILO DEL GRECO


Vamos a comparar estas dos imágenes del principio de su estancia en España y del final del su vida para ver el largo camino que recorre el Greco a la hora de convertir sus influencias en una pintura de expresión propia, inconfundible.

Si observamos la composición, pasamos de una más simétrica, ordenada por la gran línea de fuga de la arquitectura (claramente influida por las perspectivas fugadas de Tintoretto) por otra creada por una gran X que se cruza sobre el Espíritu Santo, jugando con los colores que hacen eco en la parte superior contrario (fijaros en los verdes que es donde mejor se ve).
Mientras la primera (por el propio formato y organización de personajes) tiende a la horizontalidad, la segunda es claramente vertical, creándonos una sensación de ascensionalidad irresistible, como ya veíamos en su Asunción.
En los distintos formatos, la primera recurre a una típica técnica de Tiziano (el rompimiento de Gloria que se encuentra sobre la cabeza de la Virgen) para mostrarnos lo sobrenatural, mientras que la más tardía ya separa claramente (como empezara a hacer en el Entierro del Conde Orgaz) ambos lugares.

De la misma manera, el espacio se transforma, y pasaremos de uno organizado por la arquitectura, en donde las figuras se mueven libremente por el aire, a otro en donde han desaparecido las referencias espaciales y apenas "nos deja respirar" en las partes altas y bajas. El fondo se ha aproximado, generando su característico agobio espacial que expulsa a los personajes sobre el espectador, que ya no observa a través de una ventana (como en la primera) sino que es abducido al espacio del milagro, como un sueño del que no puede escapar.

La luz es otro elemento que funciona en el mismo nivel sensitivo que el espacio.
En la obra de juventud la luz es representativa, suavemente dorada al modo de Tiziano, iluminando suavemente la escena y creando sombras tectónicas (como la nube del ángel o las arquitecturas) y otras en los paños que nos generan volumen y dan un aspecto de realidad a la escena.

Esto desaparece en la más tardía. La luz ha perdido su único foco (fijaros en las distintas figuras y veréis el modo tan aleatorio con el que están iluminadas) y se ha dramatizado en sus efectos (luz expresiva), creando los habituales pozos de luz sobre un fondo oscuro que renuncian a la realidad para (de nuevo) hacernos sumergir en un espacio onírico (del milagro), con sus leyes físicas propias.

De la misma manera, de la entonación cálida del primero, encontramos otra más fría y llena de citas manieristas (colores ácidos, tornasolados, metalizados) que insiste en lo mental de la imagen que ha abandonado cualquier intento de realismo.
Fijaros, además, en cómo han cambiado los cánones de las figuras (estilizándose cada vez más) mientras la pincelada se vuelve cada vez más suelta y fluida.






















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