lunes, 2 de marzo de 2015

MANSART. LOS INVÁLIDOS DE PARIS


Por iniciativa de Luis XIV, los Inválidos se construyeron como un gran conjunto de edificios para la acogida de de los veteranos inválidos de guerra que quedaban sin hogar. Toda una representación del espíritu barroco francés estrictamente dirigido por la figura del rey (y hecho a su mayor gloria) que como un gran padre elegido por la divinidad cuida de su pueblo, especialmente de aquellos estamentos que refuerzan su poder (como el ejército).
De la misma manera, estéticamente, todo el conjunto responde a los modelos del barroco francés que se habían gestado en tiempos de Luis XIII y regularizados por la Academia formada a tal efecto.
Esta formulación es, en el fondo, en una sublimación del manierismo y primer barroco italiano (Della Porta, Maderna y, en mucho menos, Bernini) del que se extrae su médula clásica (elementos arquitectónicos con principal interés por la cúpula y sus efectos escenográficos en la ciudad, masividad, articulación sin recurrir a la curva...) para crear una imagen agigantada de la monarquía.
Si nos fijamos en el conjunto, veremos la estricta simetría que domina el conjunto (en general tendende a la horizontalidad) sobre el que destaca, como verdadero hito urbano, la gran cúpula.

En estos edificios se recoge la tradición de las fachadas desnudas, los tejados de pizarra y las mansardas que ya se había establecido como canónica por parte de Mansart y que ta vimos en la plaza Vendonme.

De la misma manera se recurrió al jardín racionalizado al modo de Le Notre, en donde la Naturaleza se regulariza por medio de la geometría.
















Como culminación de todo el conjunto se crea el gran Dome o iglesia votiva en donde se recurre a modelos italianos.
En la parte baja se utiliza la alternancia de órdenes con una especie de pequeño pórtico adelantado que permite una fuerte articulación sin acudir a la curva (en realidad mucho más cercana a una evolución del Gesú que a la fachada de San Andrés de Bernini).

Todo este cuerpo se convierte en el basamento de una cúpula de alto tambor (en realidad doble)  y perfil apuntado que toma como referencia a la del Vaticano eliminando su problema de visualización (al eliminar el largo cuerpo de entrada).
En el interior encontramos una planta centralizada compleja (en realidad bastante manierista) de espacios agregados en donde destaca la cruz griega central que se amplía gracias a los machones achaflanados (al modo del Vaticano).


De esta manera se le da una total preponderancia a la gran cúpula
Un espacio que se amplifica gracias a la gran cripta abierta (en donde hoy reposan los restos de Napoleón)

Frente al exterior, siempre tan sobrio, la arquitectura francesa tenderá a la recarga de los interiores que le conducirá rápidamente al rococó (como puede verse perfectamente en Versalles)


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