domingo, 5 de abril de 2015

COROT Y EL PAISAJE REALISTA


Los primeros paisajes de Corot se nutren de la gran pintura clasicista (Poussin y aún más Lorrena por sus juegos lumínicos) que comenzará a confrontar con la propia realidad con sus primeros viajes a Italia.
En ellos encontramos imágenes bien encuadradas al modo clásico, con motivos centrales llenos de luz en los que retrata puentes u otras construcciones humanas.

En torno suyo, la Naturaleza se comienza a entender de una forma mucho más fresca y natural (en gran parte por influencia de Constable), pues aunque nunca será un pintor de plein air como los impresionistas, toma detallados apuntes del natural que luego retoca en el taller.

En estas obras hay, además, un fuerte impacto de la luz meridional con toda su crudeza que elimina los valores medios por fuertes impactos colorísticos

Sin embargo, poco a poco su pintura comienza a cambiar, y a partir de la década de los 50 vira por completo.

Un mayor conocimiento de Constable y toda la herencia holandesa que los pintores de la Escuela de Barbizon (con los que cada vez se relaciona más) hace variar su concepción del paisaje.

El primer cambio lo veremos en el cromatismo, que evoluciona a tonos grises, platas y múltiples verdes.

Por otra parte, también la luz cambia, y de lo meridional pasamos a una iluminación más septentrional, filtrada por las nubes, que deja ambientes vaporosos (en los que se podría ver la huella de Van Dyck y Watteau).

También la propia técnica evoluciona, y encontramos una pincelada cada vez más suelta y morosa (trabajaba creando múltiples capas de pintura con gran transparencia que iban hundiendo al paisaje en una luz crepuscular, llena de múltiples matices).

Para cerrar el capítulo de sus novedades, el tema va perdiendo cada vez más peso, y las visiones se vuelven poco a poco más fragmentarias. Cada vez importa menos un encuadre central y más la atmósfera que envuelve todo el conjunto.

Toda esta evolución deja la pintura a un solo paso del impresionismo, que dará el salto definitivo al cambiar de técnica (olvidando los modos acedémicos que, pese a sus avances, siempre practicó Corot) y pintar rápidamente y al aire libre, atentos tan sólo a las sutiles variaciones del aire y la luz.


















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