viernes, 17 de abril de 2015

DUCHAMP. PONIÉNDOLE BIGOTES A LA GIOCONDA


Fijaros en la foto que abre el artículo.
Pero fijaros bien.
Muy bien.
Si alguno sigue viendo simplemente la Gioconda que pintara Leonardo da Vinci, la cumbre del retrato renacentista... Volved a mirad, pues no habréis visto todo.
Repasar la parte baja del cuadro y veréis, reflejada en el cristal que la protege de los miles de flases (que por cierto, están prohibidos, aunque ningún vigilante diga nada), a una multitud que la rodea.
Si giráramos la cámara y mirásemos, nos encontraríamos con esto.

¿Un grupo de admiradores del arte?
¿Una manifestación a favor de la armonía renacentista?
Lamentablemente no.
Los visitantes del Louvre se apiñan an torno al retrato para sacar una foto o un selfie e, inmediatamente, huir hacia otro lugar sin parar ni un segundo en las magníficas Bodas de Canaa de Veronés que se encuentra enfrente o el Concierto Campestre.

La experiencia resulta verdaderamente conmovedora y ¿triste? Sí, por qué no decirlo. El arte ha sido sustituido por la pura publicidad, y sólo se busca el recuerdo. El Yo estuve aquí.
Y es que la Gioconda ha sido un cuadro tan conocido como poco mirado, más un objeto de prestigio, un fetiche que una obra de arte que ya fue robado a principios del XX del propio Louvre.
Es esta característica de fetiche o artefacto de alta cultura (la misma que tienen las Meninas en el Prado) la que Duchamp exploró al comprar una mala reproducción de la misma, pintarle bigotes y perilla a su cara y añadir unas oscuras siglas L.H.O.O.Q que leídas rápidamente en francés elle a «chaud au cul», «ella tiene calor en el culo».

El acto parece una típica gamberrada infantil, y acaso sólo era eso lo que pretendía Duchamp, un acto Dadá sin otro significado que la pura risa.
O, acaso, ¿era una forma de burlarse del arte tradicional o, mejor aún, del símbolo que representa al arte tradicional que veneramos aunque no le prestemos ni la más mínima atención

¿Podría ser una señal sobre la famosa idea de Freud sobre la androginia de Leonardo que se pintó a sí mismo en la cara de una mujer?
Con Duchamp nunca se sabe, aunque lo cierto es que nunca podemos quedarnos indiferentes ante sus obras, aunque haya pasado casi ya un siglo sobre muchas de ellas.
Un siglo que tantas cosas ha generado, convirtiéndose (en esta obra en concreto) en un verdadero iniciador de la actitud posmoderna sobre la copia y la interpretación (apropicionismo)





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