lunes, 20 de abril de 2015

EL INICIO DEL POP ART. HAMILTON ¿Qué hace de los hogares de hoy en día tan diferentes, tan atractivos?




























En este pequeño fotomontaje de 1956, Hamilton (pintor británico) hizo todo un manifiesto de lo que se conocería como arte pop y que es especialmente conocido por las realizaciones estadounidenses de los años 60 (Warhol, Wesselmann ...)
La técnica de recortar y pegar imágenes encontradas en revistas de la época ya había sido utilizada con profusión por el dada alemán (aquí analizamos el caso de Heardfield), aunque ahora la intención no es tan claramente crítica ¿o sí?
Si nos fijamos en la iconografía veremos gran parte del imaginario pop: electrodomésticos, interiores domésticos, desnudos sumamente enfriados (como el culturista o la pi-nup que volverán a aparecernos en Wesselmann y sus grandes desnudos americanos), los escaparates que luego coparán el hiperrealismo y múltiples objetos de consumo (desde el chupachups a las latas de conservas, los muebles de estilo insípido...).
Es toda una colección de objetos y gestos de la modernidad de la época, tan atractivos como banales que muestran una felicidad absoluta, totalmente carente de cualquier otro tipo de ansiedad que el puro consumo.
Tanto el título como la propia imagen son, como decíamos, sumamente ambiguos. ¿Se ensalza la sociedad de consumo o se critica irónicamente?
Realmente el pop-art jugó a ambos... ¡al mismo tiempo!, tal y como ya vimos en Warhol
Una típica actitud ambigua que es la prehistoria de la posmodernidad en donde todo es fluido y cambiante y ni siquiera los mensajes son unívocos y dependen en gran parte de la voluntad (o la ideología entendida en sentido amplio) del espectador.
La temática incide en los rasgos que surgen en la sociedad de consumo (la opulenta, como la llamara Galbraith) que surge en el ámbito anglosajón tras la II Guerra Mundial en donde el capitalismo cambia su estructura y se basa en el consumo masivo de las nuevas clases medias.
Un consumo de objetos multiplicados sin fin, con un ciclo cada vez más corto (lo que hoy nosotros llamamos obsolescencia programada) que tan agudamente analizó Perec en su libro Las Cosas.
Un mayor poder adquisitivo de los salarios, una reducción en los costes de producción gracias a las economías de escala y la publicidad como generadora de nuevos deseos son las bases de un sistema ya probado en los Felices 20 y que se intenta salvaguardar de su propio colapso a través de ciclos de consumo cada vez más rápidos y repetidos por medio de la innovación constante que hacen ... tan atractivos los hogares de hoy en día.
¿Realmente lo son?

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