miércoles, 22 de abril de 2015

LA TEOSOFÍA Y EL PRIMER ARTE ABSTRACTO


Kandinsky, Mondrian, Kupka o Malevich fueron artistas muy cercanos al mundo de la teosofía, curiosamente los grandes iniciadores del arte abstracto en el siglo XX.
Esta corriente filosófica-religiosa nace en el siglo XIX de la mano de Madame Petrovna Helena Blavatsky (espiritista ucraniana) y Heney Steel que crearon la Hermandad de Luxor más tarde reconvertida en Sociedad Teosófica, pronto compuesta por espiritualistas, rosacruces, masones y más tarde aristócratas e intelectuales.
En realidad el concepto teosofía hunde sus raíces en la historia de la filosofía, existiendo numerosos ejemplos en el mundo antiguo (el propio neoplatonismo es una opción teosófica) y moderna (Paracelso), pues se trata de una actitud más que una verdadera doctrina.
La teosofía pretende una integración de los aspectos más espirituales (actitudes místicas y gnósticas) de las distintas religiones, intentando llegar a una síntesis que huye de nombres, ritos y dogmas para fijar su atención en los aspectos más  éticos.

Como se planteará en sus orígenes se trata de una superación de las diferencias generadas por el desarrollo histórico de las religiones (la misma verdad bajo distintas formas, Saccas) para buscar las fuentes espirituales, dejando entrar en su pensamiento los tradicionales monoteísmos pero también el ocultismo, las religiones mistéricas antiguas o la magia natural, con un fuerte ingrediente de filosofía oriental y su insistencia en la armonía entre hombre y naturaleza, su fuerte conciencia ética o el trabajo individual como técnica de iluminación interior
Toda esta teoría se empieza a infiltrar en el mundo artístico en el simbolismo, estilo que pretende luchar contra la progresiva fenomenología de las artes plásticas (como sería el impresionismo) para dar contenidos espirituales a la obra artística.
Con la eclosión de las vanguardias esta intención ética del arte se impone especialmente fuera del ámbito francés.
Primero en su versión negativa, de denuncia, en el expresionismo; más tarde de una manera mucho más consciente en los grandes iniciadores del arte abstracto.
Posiblemente el primero en integrarla y desarrollarla será Kandinsky que, como ya vimos, pasó del fauvismo inicial a una conciencia del arte como regenerador ético de la Humanidad.

Para ello, y como ya vimos aquí, renunció al tema y más tarde a la realidad visible para internarse en la verdadera esencia, lo que él mismo la realidad interior. Un mundo dominado por el color y la forma e íntimamente unido a la música por medio de la sinestesia.
Sus obras se convierten así en objetos de meditación y trascendencia en donde el espectador puede comenzar a ser consciente de nuevas realidades, "darse cuenta", ampliando así su visión y procediendo a un mejoramiento interno.
Todas estas ideas fueron ampliamente estudiadas por el autor en su famoso ensayo Sobre lo espiritual en el arte.

Mondrian también perteneció al mundo teosófico, fuerte influido por el neoplatonista  matemático Schoenmaekers. 
Su estilo, el neoplasticismo, intentaba ir un punto más allá de lo que hiciera Kandinsky, y huir de lo individual para intentar un arte expandido (que no se limitara a la pintura, sino llegar al diseño y la arquitectura) que , como ya intentara el modernismo, envolviera al hombre y le permitiera un acceso a niveles superiores de conciencia.

Es, por tanto, un arte profundamente social, que busca una regeneración espiritual de la humanidad por medio de un entorno minuciosamente construido y coloreado.
Para ello también se desembarazó de la realidad para buscar un arte puro tan sólo compuesto de líneas rectas y colores simples en un intento de llegar a la expresión de las verdades absolutas (aquí se encuentra muy presente su influencia neoplatónica que, como ya ocurriera en el Renacimiento, encuentra en la matemática, la geometría y las relaciones de proporción una manera de búsqueda de la armonía, tanto celestial como humana, pues ambos mundos se encuentran plenamente relacionados para el que sepa mirar, el macrocosmos y el microcosmos).

Ideas semejantes alimentan las obras de Kupka y Malevich.
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Kupka

Toda esta formulación de un arte sanador (en el aspecto espiritual) tendrá una segunda eclosión tras la segunda Guerra Mundial, cuando las religiones orientales (y en especial el zen) tengan una fuerte influencia en el arte, tanto en la zona americana (como la obra de Rothko) como en la europea (Klein)

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