sábado, 25 de abril de 2015

MAX ERNST. ÁRBOL SOLITARIO Y ÁRBOLES CONYUGALES


Max Ernts fue uno de los grandes animadores de Dada en Colonia, colaborando habitualmente con Jean Arp, encauzando su obra al nuevo surrealismo en la década de los 20.
Entre su obra destaca especialmente la pintura en la que introdujo nuevas técnicas y temas.
Entre las primeras destaca el frottage (que trasfiere al lienzo las irregularidades del soporte por medio de frotar carbón sobre el papel), el grattage  en el que se raspan y graban pigmentos secos sobre el soporte la ser frotados con distintos instrumentos o la decalcomanía (inventada por Óscar Domínguez) esparciendo colores al azar sobre un vidrio que se presionaba, moviéndolo suavemente, sobre la tela. 
Estas técnicas eran utilizadas como forma de inspiración (como pudieron ser los cadáveres exquisitos o el dibujo automático), dejando entrar el azar (tan típico de su ideario dadaísta) como una forma de inicio del trabajo.
Sobre esta estructura, el artista, espoleado en su imaginación, reorganizaba el caos hasta formar desde él nuevas imágenes (un procedimiento que posteriormente utilizaría en numerosas ocasiones Miró).
Muchas de estas imágenes giraban en torno a una visión dramática y oscura de la naturaleza que nos muestra un entorno un tanto agresivo, siempre en mutación.

Figuras que se encuentran entre lo mineral y lo vegetal, escondiendo oscuras amenazas en sus formas extrañamente putrefactas, venosas, casi de vísceras sacadas al sol, ilustrando perfectamente las palabras de Bretón en el Manifiesto Surrealista

Si las profundidades de nuestro espíritu ocultan extrañas fuerzas capaces de aumentar aquellas que se advierten en la superficie, o de luchar victoriosamente contra ellas, es del mayor interés captar estas fuerzas. (…).

Se   trata  de  una  típica  fijación  surrealista   que  siente especial  atracción por lo oscuro, misterioso,  morboso o putrefacto  (como  es  habitual en muchas obras de Dalí) que repele  a  la  vez  que  atrae  sin  remedio  que hunde sus raíces en la  pintura simbolista del siglo XIX (Como la Isla de los muertos que ya analizamos  aquí)  y,  aún más lejos, en los   paisajes   sublimes   románticos  (como  ya  vimos  en Friedrich)
.


Si  nos fijamos en el título del cuadro (el surrealismo siempre fue un movimiento  de fuerte carga literaria y sus títulos tienen mucha  importancia ),  hay una  clara alusión a  contenidos sexuales, también  reiterada  una y  otra vez  en  todo  el movimiento  que (influenciado  por Freud)  concibe  el sexo como   uno   de  los   últimos  reductos  verdaderamente auténticos   del   subconsciente   humano.  (Fijándose  con atención se  pueden  encontrar  algunas  imágenes ocultas, las llamadas  dobles   imágenes,   como   desnudos   femeninos, siluetas de rostros...)

Todas   estas  características  ( desde  las  técnicas  a  la temáticas) tienen claros contactos (mutuos) con otro de los componentes del grupo, Óscar Domínguez, tal y como podéis ver en esta obra.



Cueva de Guanches (detalle)


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