miércoles, 27 de mayo de 2015

TROCKEL Y SUS OBJETOS RESPIRATORIOS

Trockel es una artista alemana, verdadero puntal de la posmodernidad.
Sus registros son múltiples, pero hoy nos queremos fijar en sus Objetos respiratorios, estructuras de felpa o pelo con motor interno que realiza un simple maniobra de expansión-contracción.


Sobre una premisa tan poco compleja estos objetos respiratorios se convierten, a ojos del espectador, en organismos verdaderamente fascinantes.
Mitad fuerzas naturales, mitad imágenes casi oníricas, su lento movimiento "respiratorio" nos embruja y nos lleva a pensar en criaturas primarias que, simplemente, viven ante nuestros ojos.
Es la fascinación, casi infantil, de encontrarse con algo tan primario pero. a la vez, vivo.
Sin embargo estos objetos se pueden cargar de muchas más resonancias cuando se unen a otros mucho más humanizados. Fijaros simplemente en este pequeño vídeo antes de seguir leyendo.

¿Qué habéis sentido? Yo en un primer momento sentí una fuerte sensación de amenaza pese a saber que era un muñeco, aunque posteriormente cada vez me fue resultando más relajante el extraño objeto, casi protector del niño, como una querida mascota.
Estas imágenes son perfectas para comprender algunos rasgos del arte posmoderno, especialmente en cuanto a la nueva relación entre obra y espectador.
Partiendo del ejemplo de Beuys, una gran parte de este arte es una obra abierta (como diría Eco) que propone pocas certezas, sino más bien estímulos, sensaciones, estados mentales abiertos en donde no termina de definir el mensaje.
La obra (y su comprensión) ya no es un circuito cerrado sino que propone un inicio que el espectador (con toda su carga emocional y vivencial) puede terminar a su antojo.
Algunos hablan de esta pluralidad como un problema (por lo que tiene de faltas de certezas), mientras que otros la consideran perfecta para un mundo en el que (como anunciara Marx) "todo lo sólido se desvanece" y sólo quedan sensaciones encontradas, multitareas, constante movimiento y cambio. 
Una realidad tan compleja que solo somos capaces de entender por alguna de sus expresiones externas (¿quién comprende verdaderamente el funcionamiento de internet?; realmente da lo mismo, pues nuestro mundo es un mundo de interfaces, de máscaras entre la realidad y lo que percibimos de ella, como tan bien comprendió Bill Gates al hacer de la informática un modelo intuitivo de ventanas)

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