jueves, 9 de julio de 2015

OLIVA (2) EL RAVAL


Con la conquista cristiana de Jaime I, la población mudéjar aceptó dejar sus tierras (que quedaron en manos cristianas) y su hábitat rural para concentrarse en morerías que se construyeron en arrabales o ravales, fuera de la muralla.
Su condición empeoró acabada la reconquista, y en el siglo XVI fueron obligados a convertirse (cristianos nuevos), siendo expulsados definitivamente en el XVII.

El Raval de Oliva, sumamente bien conservado, es todo un perfecto escenario para recordar esta historia y descubrir sus continuidades y rupturas.

Lo primero que llamará la atención al visitante será su urbanismo de casas encaladas abiertas hacia patios interiores, muchas de ellas luego reconvertidas en conventos y palacios. (las calles trazadas en el XVI, más rectilíneas, contrastan con la morería más antigua y anárquica que trepa hacia el cerro de Santa Anna)

En sus límites se pueden descubrir todavía algunos fragmentos de la antigua muralla, como el Portalet o el cubo de la muralla persistente.

Ocupando el lugar de la antigua mezquita se edificó la iglesia de San Rocco, barroca y policromada.

Tras ella, un arco se abría al antiguo fossar (cementerio musulmán).

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