miércoles, 26 de agosto de 2015

Rafael de la Hoz. Edificio Castelar


Siempre me ha fascinado este edificio, tan cercano al Museo de Arte abstracto al aire libre.
Me gusta la elegancia de su zócalo de mármol y césped que salva la pendiente y funciona como podio para la exposición de la obra.



Sobre él se levanta el edificio ópticamente dividido en dos partes. Una zona horizontal (mitad mármol, mitad cristal) que continúa la parte baja.

Tanto el podio como esta zona tienen un cierto regusto a Mies van der Rohe y sus espacios vacíos, sobre todo visto de forma lateral, en donde el juego de volúmenes en juego angular resulta especialmente bello

Sobre ella se alza el pequeño rascacielos, una caja de cristal elegante y precisa con su piel transparente que sólo se percibe desde las citadas vistas esquinadas.

Resulta muy bello el efecto de suspensión de esta torre, que se alza como si no hubiera nada bajo ella.
El efecto se produce al concentrar todo los pesos desde un gran pilar central del que cuelgan los pisos.

Su retranqueo lo sume en la penumbra y genera esta sensación que desaparece por completo si lo vemos por su parte trasera en donde el pilar roba el protagonismo al resto del edificio


2 comentarios:

  1. Coincido contigo en cuanto a la belleza del zócalo. Me gusta la doble "piel" de la fachada del prisma superior, pero estoy en contra de la proeza estructural de concentrar las cargas en un único soporte central, la desproporción de los forjados en voladizo solo obedece a un afán de notoriedad y espectáculo. Aún así debo decir que admiro la obra de Rafael de la Hoz.
    Saludos
    Francesc Cornadó

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  2. Ya sabes que la notoriedad es una de los grandes vicios (o virtudes) de gran parte de la arquitectura moderna. Lo más vistoso para un público menos entendido
    Muchas gracias por tu comentario

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