miércoles, 2 de septiembre de 2015

LA ESTELA DE NARAM SIN. ARTE ACADIO

Probablemnete sea la primera escena de propaganda política evidente a través del poder militar; todo se encuentra hecho para este fin.
Compositivamente el relieve se encuentra organizado en líneas ascendentes que nos llevan a la gran figura de Naram Sin, protegido por la montaña y las presencias celestiales superiores.
Su tamaño es el mayor de toda la escena (la famosa perspectiva jerárquica), dominando tanto a los enemigos como a sus propios soldados, mucho más reducidos en tamaño y con la cara alzada hacia su rey verdaderamente divino.

Frente a los enemigos (y como era habitual entre los acadios), no existe ningún tipo de piedad. Uno aparece en un gesto (tan novedoso) ensartado por el cuello, otro pidiendo una clemencia imposible, más abajo otros muertos o despeñados de la montaña.
Naram Sin lo observa todo impasible. Ataviado con todos los símbolos del poder: espada y lanza, faldellín, casco con cuernos.

Su posición (verdaderamente imposible) está realizada en perspectiva torcida (igual que luego harán los egipcios y ya se había experimentado en las primeras pinturas del paleolítico) con piernas de perfil, tronco de frente y cabeza de perfil.

Aunque el relieve sea muy bajo, muchas cosas han cambiado desde el arte sumerio. 

Solamente hace falta comparar este relieve con la Estela de los Buitres que ya analizamos aquí para ver cómo la composición ha roto con los registros superpuestos, despareciendo la isocefalia en favor de una mayor cantidad de posturas, apareciendo referencias paisajísticas (árbol, montaña) e insistiendo con mayor interés en la relación entre el poder real y divino


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