lunes, 21 de septiembre de 2015

LEOCARES. EL APOLO DE BELVEDERE


Además de las grandes figuras (Scopas, Lisipo, Praxíteles) el postclasicismo o segundo clasicismo del siglo IV tuvo otros grandes escultores de los que no conservamos obra suficiente para crear un catálogo razonado.
Uno de ellos es Leocares, muy afamado en su tiempo, que colaboró en el Mausoleo de Halicarnaso junto a Scopas y siguió muchos de los modelos de Lisipo.
Su obra más conocida fue este Apolo del Belvedere, copia romana que se conservó en el Vaticano y fue considerada como una de las representaciones más perfectas de la escultura clásica durante el Renacimiento y Neoclasicismo.
Su anatomía de canon esbelto, contraposto de las piernas, claroscuro del pelo  y apertura del bloque le acercan al mundo de Lisipo.
Sin embargo hay en la escultura un intento por no caer en el realismo del maestro, y gusta aún idealizar las formas a la vez que las dota de un elegante movimiento, bien palpable en el ritmo de sus paños y la fuerte direccionalidad de toda la figura que nos enseña lo que está más allá de ella (alejándose del mundo cerrado en si mismo que tanto cultivaría Praxíteles), aunque luego oponga el movimiento contrario en sus piernas

Estas mismas características las volvemos a encontrar en otra de sus grandes obras, la Diana Cazadora del Louvre

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada