martes, 27 de octubre de 2015

LAS PINTURAS DE LA VILLA FARNESINA


En las obras de acondicionamiento del Tíber de finales del XIX, al ensanchar su cauce a la altura de la Villa Farnesina renacentista, aparecieron los restos de un palacio de tiempos de Augusto con unas espectaculares pinturas murales que fueron salvadas y mostradas actualmente en una de las sedes del Museo de Arte Romano.
De época augustea (acaso la casa de la hija de Augusto, Julia, y su yerno, Agripa), en torno a los años 20.
Sus espectaculares pinturas corresponden a una nueva moda pompeyana, el llamado tercer estilo.

Frente a las ilusiones arquitectónicas y paisajísticas del segundo estilo, la pared como límite vuelve a tomar importancia, y se llena de motivos lineales, algunos de tipo egiptizante (de ahí su sobrenombre), candelabros (los famosos candelieri), jarrones, pequeñas figuras humanas, finas molduras...



En todos ellos predomina un preciosismo lineal que se abandona en los pequeños cuadros de paisajes que centran cada uno de los fragmentos de pared.



En ellos hay un impresionismo diecinueve años antes de que lo inventara Monet, con unas obras hechas con rápidas y geniales pinceladas. Toda una sinfonía de tonos claros sobre blanco.




 Son paisajes sin apenas historia, simples escenas bucólicas en donde dioses, hombres y naturaleza conviven (acaso la representación de la Arcadia feliz)

La exquisitez de estas pinturas llega a su culmen en el oecus, con sus bellos negros lacados.






















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