miércoles, 23 de diciembre de 2015

JAIME HUGUET. Invenciones, evoluciones y algo más


Jaime Huguet supone la culminación de la gran pintura catalana medieval.
Itinerante en el principio de su carrera (Tarragona, Gerona), termina por establecerse finalmente en Barcelona en donde trabajará fundamentalmente para los gremios de la ciudad, resistiéndose poco a poco su pintura (Yarza) por la gran cantidad de encargos, que le obligó a un taller muy amplio.
Su estilo resulta complejo pues, al contrario de lo habitual, involucionará hacia formas cada vez más tradicionales según avance su carrera.
En sus primera obras se reconoce una mezcla entre el gótico internacional de Martorell muy influido por el mundo flamenco de Van Eyck que Dalmau había traído a Cataluña con su famosa Virgen dels Consellers.

Ventanas abiertas en donde podemos ver el paisaje, gusto por las calidades de los objetos o los ángeles músicos son evidencias de esta influencia flamenca.
Sin embargo, diez años después, en el retablo de San Vicente, comenzamos a ver retroceder estas novedades flamencas para dar paso a una estética más internacional de cuerpos curvados, perspectiva sumamente alzada, aglomeramiento de figuras que pierden su individualidad para convertirse en pura filigrana.



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El proceso se consolida aún más en el retablo de San Miguel en donde los fondos dorados llenos de ramajes en relieve, mientras las figuras se van volviendo cada vez más símbolos de elegante sinuosidad


Llegando a su culminación en el retablo de San Benito, en donde la superficie pictórica es tan sumamente rica (con la sobreabundancia de dorados) que se convierte en una abstracción cromática en donde los detalles no dejan ver el conjunto, convertido en un torbellino de efectos sensoriales y rítmicos
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La explicación de esta inusual involución se ha puesto en relación con los comitentes.
La Barcelona de mediados de siglo XV sufre una enorme crisis que se escenifica en las luchas entre la Busca y la Biga. La primera de ellas representa a las clases medias frente a las oligarquías de la Biga. Esos mercaderes y gremios (curtidores, laneros, tenderos...) son los principales comitentes de Huguet maduro, imponiendo una forma de sentir la religión y el arte que la representa.
Según Joan Molina "su misión sagrada (...) era la de implantar la justicia social en Barcelona frente a los abusos de la oligarquía, otorgando a este partido (Busca) un carácter místico que puede entenderse como una sublimación política de los ideales religiosos de la época (...) un clima de exasperación sentimental y mística de las capas sociales que lo forman (...) en gran parte alimentado por la crisis"
Según el mismo autor, de aquí derivaría el uso y abuso del pan de oro ("vincular a las figuras santas representadas con un espacio trascendente y sagrado substancialmente diferente del entorno físico del espectador") y la devoción a los santos, casi supersticiosa.
 Y junto a todo ello, un rasgo poco destacado.

Si observamos con detalle alguna de sus obras (las de encargos particulares en mayor medida, como su famoso San Jorge), encontraremos, especialmente en los rostros, una actitud totalmente contraria, eliminando en vez de añadiendo, con un espírito sintético que provoca una profunda individualidad a las figuras, un engrandecimiento moral y ético que se encuentra muy cercano al humanismo que se está desarrollando en la Italia del momento (Quattrocento)


Entre sus ayudantes y colaboradores se encontraban Rafael Vergós y Pere Alemany

Para saber más 

Una buena sugerencia bibliográfica
                                                                      

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