lunes, 11 de enero de 2016

DURERO. Melancolía


Éste es uno de los más reconocidos grabados del autor, relacionado con el Caballero y la muerte, y como él sujeto a múltiples interpretaciones.
Se podía plantear como una nueva vía (la imaginativa y profana) frente a la fe y el estudio de San Jerónimo en su celda o la que encarna la voluntad y la fuerza física del Caballero y la Muerte. En los tres casos se trata de una de las grandes consecuencias que generó el antropocentrismo renacentista, con un destino abierto que hay que ganar por medio de métodos personales.
Junto a ello Melancolía y sus múltiples símbolos es una complejísima máquina iconográfica llena de alegorías que propone al espectador toda una gran operación mental que tendrá resultados disímiles según los intereses, temperamentos y cultura del espectador individual.
En cuanto al propio temperamento melancólico deriva de la literatura clásica, que la asociaba a Saturno, la tierra, la sequedad y el frío, el otoño y la vejez.
A esta lectura clásica Durero le añade la modernidad de asociarla con el intelectual y el artista, lo cual se convierte en un verdadero topos en el Renacimiento (véase lo que hablábamos de las tumbas mediceas y su relación posterior con el Pensador de Rodin).
Se formula en el mismo momento en el que se está creando la figura del artista como un ser individual  (frente al artesano medieval) que, dotado de facultades casi divinas, se separa del resto de los mortales y ocupa un lugar superior en la sociedad por su capacidad de reelaborar la realidad e, incluso, adelantarse a las nuevas realidades. (En realidad se trata de un correlato del llamado Cristo de la Paciencia que vimos aquí, en donde Cristo se ve incapaz de sufrir la próxima Pasión y se recoge en la misma postura).
Esta posición no es, sin embargo, para nada envidiable. El arista, separado de sus congéneres, sufre el mal de la soledad completa y sólo en sus obras tiene una (mínima) recompensa. Por ello surge la melancolía, por su apartamiento pero también por la visión adelantada de la imposibilidad de llevar a cabo (en sus obras) todas las ideas internas, pues sumidos en las ideas neoplatónicas, este mundo real (en el que se encuentra el arte) es puro reflejo (descompuesto) de las ideas puras que nunca alcanzará a representarlas por completo.
Por cierto, en la esquina derecha aparece el famoso cuadrado mágico (la mesa de Júpiter), cuyas cifras suman en todas las direcciones, 34



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