domingo, 7 de febrero de 2016

LA APERTURA DEL QUINTO SELLO. EL GRECO


Probablemente sea éste uno de los últimos lienzos que pintara el maestro (terminado ya por su hijo), realizado para un altar lateral de la iglesia de San Juan Bautista de Toledo.
Un cuadro intenso, lleno de vicisitudes y anécdotas.
Su fuente iconográfica se encuentra en el Apocalipsis de San Juan

 “Y cuando hubo  abierto el quinto sello, vi debajo del altar  las almas de los que fueron muertos por la Palabra de Dios y por ratificar su testimonio.
Y clamaban  a grandes voces diciendo: ¿Hasta cuando, Señor, santo y veraz, difieres hacer justicia y vengar nuestra sangre contra los que habitan en la Tierra?
Diósele luego a cada uno de ellos  un ropaje blanco y se les dijo que descansasen en paz un poco de tiempo, en tanto que se cumplía el número de los consiervos y hermanos que habían de ser martirizados  también como ellos”(Ap.6, 9-11)
.
Sin embargo, algunos autores hablan de otro significado que, sin excluir lo anterior, ampliaría su iconografía: el amor sagrado y el profano, bastante habitual en el renacimiento (como muestra el famoso cuadro de Tiziano)

El amor profano se encontraría en las mujeres y hombres desnudos del centro y derecha, mientras que el sagrado se encontraría en la parte superior (el cuadro, en manos de Cánovas del Castillo, sufrió una agresiva restauración en la que se eliminó más de un metro de la parte superior en donde se podrían encontrar los seres angélicos del amor sagrado, alguno de los cuales todavía perdura).

Otros (Richard Mann), lo ponen en relación con el espíritu contrarreformista de sus patronos (Salazar de Mendoza) que "entendía  que no había nada más importante para el hospital que ayudar a sus pacientes a bien morir", y tenía como libro de cabecera  los escritos de Bartolomé Carranza, antiguo arzobispo de Toledo que, curiosamente, fue investigado por la Inquisición.
De él tomaría el Greco numerosas ideas como el ropaje blanco que se ponen los personajes, asociados así con el martirio, el unir la apertura de Quinto sello con la resurrección de los cuerpos (que si nos fijamos en el cuadro se realiza en distintas etapas, con una luminosidad distinta según el grado de perfección alcanzado en esta vida) o la aprición de putti que serían (según esta interpretación) las almas que vienen a unirse con los cuerpos.

Comprado más tarde por Zuluoga (y utilizado como fondos de alguno de sus cuadros), le fue enseñado a Picasso antes de ser vendido al Metropolitan.

A partir de los años 80 varios críticos (entre los que se encontraba Santiago Amón) comenzaron a estudiar las influencias de esta pintura sobre Picasso y sus Señoritas, tanto en lo estilístico (véase las mujeres, sus posturas o el lienzo que hay tras suyo, astillado como un cristal) como en lo iconográfico (en un principio las Señoritas de Avignon fue un cuadro sobre la muerte y la vida, con dos figuras con un cráneo, luego nunca pintadas, en la parte izquierda que convertían un simple burdel en una meditación entre lo espiritual y lo carnal)

Ya en el plano puramente estilístico, el Greco consigue en esta obra un expresionismo pleno (que tanto influiría en los expresionistas históricos del norte de Europa, como el propio Munch) llevando hasta sus propios límites los conceptos manieristas sobre forma, espacio, luz o color.
Su concepción del espacio fracturado en planos (como un diamante y su facetado), la luz de focos cambiantes que terminan por reflejarse en un cielo en donde luchan los brillos con las sombras, la pérdida de canon (en realidad una verdadera excarnación de los personajes) que crean figuras de formas llameantes o la potencia del color que evita el color local y juega a las contraposiciones brutales en lo cromático... son rasgos de esta última etapa, tal y como podemos ver en su última Adoración de los Magos, la Anunciación o el Laocoonte 





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