miércoles, 17 de febrero de 2016

LA FACHADA DE SANTA MARÍA DELLA PACE. CORTONA


En un rincón de Roma, escondida en medio de su laberinto, el viajero puede encontrarse de pronto fascinado por una de las fachadas más espectaculares de la ciudad.
Su autor es Pietro da Cortona, también pintor decorativo de grandes frescos, que colaborará con Bernini (palazzo Barberini) y realizará otras obras en la ciudad como Santa María in Via Lata o Santos Luca y Martina.
En realidad se trata de la creación de una nueva fachada para un edificio anterior (que incluía el famoso claustro de Bramante) situada en una pequeña plaza.
Cortona aprovechó el menguado espacio para crear una maravilla teatral en donde la iglesia de proyecta hacia el exterior y permite múltiples perspectivas parciales según la calle desde donde se vea. El triunfo de las apariencias tan típico del barroco en donde el espectador ha de moverse (la mencionada cenestesia) para conocer ¿la verdad?, mejor las múltiples verdades parciales del mundo


Este verdadero organismo arquitectónico tiene, por tanto, más que ver con la ciudad que con su propio edificio.

Su estructura es una pura ondulación, con dos alas cóncavas en los extremos (que podríamos relacionar con san Andrés de Bernini, aunque con un desarrollo mucho más interesante y volumétrico al colocarse en el segundo piso, como una gran exedra que la envolviera que bien podría basarse en la que creara Bramante para el patio del Belvedere).

En torno a estas dos alas se levanta la zona central, con una parte superior que se relaciona perfectamente con los laterales a través del intercolumnio y el entablamento articulado.
Bajo ella se abre un enorme pórtico convexo de columnas pareadas dóricas (habitualmente se habla de un homenaje al templete de San Pietro in Montorio de Bramante). Su profundidad produce un intenso claroscuro con los fustes iluminados por el sol y la sombra tras ellos. Una estructura tan radical que no volverá a verse hasta la entrada del Museo del Prado de Villanueva

Este juego de luz, ya mucho más atenuado, se repite en el resto de la construcción en donde los elementos se amontonan y aprisionan (tal y como ya había hecho Miguel Ángel en su Escalera Medicea), con múltiples pilastras y columnas adosadas, entablamentos articulados, muros combados, aletones, marcos mixtilíneos en las ventanas, molduras, dobles frontones rotos...
Un verdadero festín arquitectónico que recuerdan los modos de Borromini sin perder el clasicismo de Bernini

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