jueves, 11 de febrero de 2016

SÁNCHEZ COELLO y la creación del retrato hispano en la época de los Austrias


Sánchez Coello. Ana de Austria

El retrato hispano, y con el antecedente sin consecuencias de Flandes, se forma en torno a una doble tradición.
Por una parte se encuentra Antonio Moro, pintor flamenco de exhaustivo detallismo, y Tiziano, su color, pincelada, importancia de las calidades y monumentalidad conseguida a través de una doble visión (como ya explicamos en Velázquez).

Su primera culminación se producirá en Sánchez Coello, que unirá ambas tradiciones hasta crear el modelo canónico que se mantendrá hasta la llegada de los Borbones (y cuyo cénit se producirá en los pinceles de Velázquez).
Este tipo de retrato (como tantas veces ha comentado Checa Cremades) es la perfecta expresión del rey ausente como imagen del poder, uno que no se muestra (y aquí reside su realeza) ni por supuesto muestra ningún rasgo de humanidad (es la imagen transportada a su efigie del espíritu del Escorial y, en último término, del estricto protocolo borgoñón que adoptó la Casa de Austria, especialmente a partir de Felipe II).

Se encuentra, además, perfectamente en sintonía con el mundo manierista y su conversión del individuo en puro símbolo mental, como ya explicamos más ampliamente aquí.
Todas estas ideas serán seguidas por su discípulo, Pantoja de la Cruz, y llegarán (como ya decíamos) en Velázquez, como ya analizamos aquí.
Pantoja de la Cruz

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