lunes, 14 de marzo de 2016

ARELLANO. Guirnalda con alegoría de la Vanidad


La pintura de flores (variante de los tradicionales bodegones) tuvo especial relevancia en el ámbito flamenco (desde Brueghel a Seghers), pasando desde allí al mundo hispano, que tuvo una segunda infiltración con la obra del italiano Mario Nuzzi (coetáneo y en parte rival de Luca Giordano) a finales del XVII.
Entre los pintores locales destacó especialmente Juan de Arellano (coetáneo de Carreño o Rizi) que realiza composiciones de un exuberante colorido.

Sin embargo, y como una y otra vez insistía Gállego, en España, lo inicialmente realista escondía una profunda simbología, en muchos casos (Fernando de la Flor) relacionada con la fugacidad de la vida.

Esta idea es plenamente evidente en esta obra en donde las flores crean un marco (al modo de trampantojo) para una composición realizada por Camilo que nos representa una tierna escena de varios putti realizando pompas de jabón, una perfecta vanitas, pues no habla de la fugacidad de esta vida, tan brillante como endebles son las pompas. (el mensaje se refuerza con símbolos típicos como la vela encendida, la calavera o los relojes de arena)

De una forma más escondida, el mensaje se retoma en el propio marco floral, en donde algunas flores se encuentran ya marchitas (o en proceso de) y alguno de sus pétalos se están desprendiendo

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