miércoles, 9 de marzo de 2016

VICENTE CARDUCHO


Hermano menor del italiano Bartolomé, representa lo más granado de la pintura del primer tercio del siglo XVII.

Su hermano viaja desde Italia atraído por la enorme fábrica del Escorial como discípulo de Zuccaro 


En palabras de Pérez Sánchez, Bartolomé habría que encuadrarle dentro del manierismo reformado que, sobre soluciones lombardas, la imagen del Correggio y unos lejanos ecos venecianos, intenta salir de un manierismo ya hace años agotado, acercándose a la nueva imagen religiosa que pretende la Contrarreforma.


San Francisco de Asis. San Pedro el Viejo. Madrid


La iluminación de Saulo
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Vicente realiza su aprendizaje con él, acercándose cada vez más al gusto veneciano que anima sus composiciones y un mayor interés por la captación de las texturas.


Adoración de los Magos
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Martirio de San Sebastián

Su técnica es muy depurada y destaca como excelente dibujante, tal y como se pudo ver en la exposición que le dedicó hace un año la Biblioteca Nacional, con una gran capacidad de diseño en las composiciones (habitualmente uno de los grandes problemas de los pintores españoles, incluso del propio Velázquez) en donde podemos ver todo el poso clásico inoculado por su hermano (en el que incluso podemos encontrar lejanos recuerdos de Leonardo y su batalla de Anghiari).
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Entre sus obras mayores se encuentra la magnífica Última Cena del Convento de las Carboneras de Madrid y, sobre todo, el amplísimo ciclo de escenas del monasterio del Paular en donde vemos casi toda la evolución de su pintura final.


También fresquista, apenas conservamos obras de esta técnica, pues su mejor trabajo en el Pardo fue destruido por un incendio, manteniendo tan sólo el bosquejo original.

Boceto para la decoración del Pardo con el Triunfo de la Eucaristía (un tema sumamente contrarreformista)

Todas estas características le hicieron convertirse en pintor del rey, permitiéndole acumular una fortuna modesta, y su declive sólo se produjo con la eclosión de Velázquez en la Corte que muy pronto hizo envejecer sus maneras, tal y como se comprobó en el concurso sobre el tema de la Expulsión de los moriscos que ganó el sevillano.

Boceto expulsión de los moriscos

Más que su propia pintura, los siglos siguientes le recordarán como tratadista y teórico del arte que, junto a Pacheco (aunque este publicara muy tardíamente), introducirán el gusto contrarreformista en la Península a través de sus Diálogos de la Pintura.

En ellos demostró los amplios conocimientos que tenía del oficio pero también de la propia realidad italiana, con un fascinante odio-atracción hacia la figura de Caravaggio
Santa Isabel de Hungría. San Pedro el Viejo. Madrid

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