domingo, 10 de abril de 2016

CUENCA. LA RONDA DE JULIÁN ROMERO


La calle por excelencia de la ciudad, al menos desde mi punto de vista.

En su origen (junto a la Catedral) una calle más llena de encanto con sus paredones y casas apuntaladas (en alguno de sus saledizos) por extravagantes pilares de madera que nos llevará hasta la Posada de San José (un hotel lleno de encanto e historia del que pronto hablaremos)

A partir de entonces, lo que era calle se convierte en cornisa, en abismo, y su segunda parte (hasta la misma iglesia de San Pedro) el viajero se encontrará colgado de la misma hoz, con maravillosas vistas interrumpidas por pasadizos con rejas misteriosas y fuentes de rumores.

En ella vivió Torner y el viajero moderno hará bien en recorrerla (mejor en el silencio y soledad de la noche de farolas amarillas) para mirar todo y no ver nada, sólo sentirse en un pasaje parado en un tiempo incierto, misterioso, profundamente evocador...

Al final de ella podrá visitar San Pedro (magnífica iglesia que guarda un interior rococó de Aldehuela y una capilla con magnífica techumbre mudéjar) o entrar al museo encantado de Antonio Pérez en donde el arte contemporáneo, la arquitectura y el juego crean un conjunto verdaderamente impagable




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