lunes, 25 de abril de 2016

KLEE Y TÚNEZ. CUANDO EL COLOR TOMÓ LA PALABRA


En apenas quince días (1914), un viaje a Túnez con sus compañeros Macke y Moilliet, cambiaron por completo el estilo de Klee y le lanzaron a imaginar un mundo dominado por las relaciones de los colores.
Hasta entonces, el pintor apenas si había realizado una carpeta de grabados y algunas pinturas bastantes mócromas en donde era la línea la verdadera protagonista.
Sin embargo, la visión del sur (y como ya había ocurrido con Delacroix o Matisse) llenó los ojos de Klee de luz y color.

El color ha tomado posesión de mí. Ahora me poseerá para siempre. Estamos unidos hasta el final. Me he convertido en pintor”, escribiría en su diario.

Sobre un motivo de Hammamet

En realidad, el viaje ha sido un tanto mitificado, y a mi juicio sólo es el estallido final de una serie de sugestiones y pensamientos que se habían desarrollado en los últimos años. Está su estudio del color en las teorías de Delaunay, su contacto con Kandinsky y Macke en plena efervescencia del Jinete azul, el conocimiento del cubismo (especialmente el sintético)... que están poniendo las bases de este deslumbramiento.
En los cuadros de estos días la realidad, convenientemente geometrizada a sus formas esenciales (en el fondo siguiendo ideas cubistas sintéticas), se convierte en dulces colores a la acuarela (que se superponen a la línea, desbordándola en muchas ocasiones sin ocultarla por completo) que se relacionan unos con otros.
Es el inicio de sus armonías musicales a través del color (la famosa sinestesia) que una y otra vez regresarán a su obra.


























Sonido antiguo


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