domingo, 22 de mayo de 2016

SAN ANTONIO DE LOS PORTUGUESES. ROMA (1). LA PORTADA


Obra de Longhi el Joven, resulta el paso necesario y anterior a su obra maestra, San Vincenzo e Anastasio que ya vimos aquí.
En ella ya nos encontramos con el uso retórico de los elementos constructivos que van in crescendo según alzamos la vista por la fachada para terminar una furiosa conclusión de frontones rotos que se inscriben unos bajo otros.

Se crea así una mirada en vertical desde un primer piso plano a una conclusión profundamente alterada por la luz debido a su articulación y masa.

Muy probablemente se trate de un recurso para una calle tan estrecha como la del Orso que no permite un primer piso excesivamente rico (pues ha de continuar la fachada de la calle), obligándonos a alzar la vista hasta las partes más elevadas (y menos sometidas al viario) en donde se desarrolla todo el movimiento barroco, tanto visto de frente como en escorzo.



Por otro lado, y frente a la arquitectura pura de San Vincenzo, en San Antonio la escultura se une a la arquitectura, siguiendo los modelos de su maestro, Bernini.
Tanto el gran escudo central, como los atlantes que continúan las volutas (reutilizados en San Vicenzo), los ángeles y roleos que enmarcan las ventanas y sobre todo los grandes ángeles de trompetas que se apoyan inestablemente  en las cornisas redundan en el sentido triunfal que logra para una fachada de tan pequeñas dimensiones.























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