sábado, 25 de junio de 2016

Un texto sobre la Capilla Sixtina

Mezclaba cal, agua y arena para un nuevo fondo en cuclillas, debajo del techo. Después, se tumbaba boca arriba y extendía su mano hacia la brocha y el cepillo.
(...)
Levántate, Adán. No te doy una esfera fija, ni una figura invariable, ni una tarea definida. A todos los demás seres de la tierra les ha sido impuesta su propia naturaleza, deben obedecer las leyes de su especie. Para ti, Adán, no existirá ningún impedimento, ninguna limitación, excepto la de la voluntad que te insuflo. No te he creado ni celestial ni terrestre, mortal ni inmortal. En ti duerme la semilla de todas las formas de vida. Puedes degenerar en animal o renacer en lo divino. Tú eliges. Adán, ¡levántate!"

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