viernes, 13 de enero de 2017

LOS GRUTESCOS DE VASARI EN LA SIGNORIA DE FLORENCIA



La labor de Vasari para los duques de Toscana (y en especial Cosme I) fue amplia, al convertirse el pintor (y arquitecto) en el verdadero dictador del gusto a mediados del siglo XVI en la ciudad.



Nosotros ya hemos visto en nuestros blog tanto el monumental edificio de los Ufizzi como el Salón del Quinientos del Palazzo Vecchio.
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Otra de sus creaciones, apoyado en su amplísimo taller, será la decoración de grutescos que cubre los techos de múltiples salas del palacio, realizados por numerosas manos unificadas por un proyecto global ideado por Vasari.

En él retorna a un género hacía años abandonado (el grutesco, que había tenido su Edad de Oro en las realizaciones de Rafael y su taller para el Vaticano).

 Estos motivos tomados de las ruinas romanas (como explicamos con mayor detenimiento aquí) sufren una vuelta de tuerca y sirven como instrumento manierista en donde entremezclar la antigüedad, el verdadero culto que se tributaba a Miguel Ángel, la pintura erótica (tan habitual en el movimiento), la fantasía más desbocada que reconvierte una y otra vez las categorías en un juego de sutilezas (y muy probablemente de significados de gran sofisticación que ahora ya nos pasan desapercibidos), y un gusto por la fantasía y las metamorfosis semejante al que alentaba a Arcimboldo en Praga o al propio Bosco.















































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