domingo, 29 de enero de 2017

SEBASTIANO DEL PIOMBO. LA FLAGELACIÓN


De toda la obra de Sebastiano del Piombo, acaso sea ésta la más representativa, encontrándose en la encrucijada entre el mundo veneciano y romano y, a la larga, atisbo de lo que será su obra más madura.
Como es conocido, se forma en Venecia bajo el influjo primero de Bellini y más tarde de Giorgione, asimilando su uso del color.
Su producción (que en algunos momentos se ha llegado a confundir con la de Giorgione) pronto comenzó a ser apreciada y en 1511 el todopoderoso banquero Chigi (aquí hablamos de su famosa capilla funeraria) le invita a Roma para trabajar en las decoraciones de la Farnesina, en donde conocerá la pintura tanto de Rafael como de Miguel Ángel, y sin renunciar a ciertas maneras del primero se vinculará directamente con Miguel Ángel, convirtiéndose en su verdadero alter ego en Roma cuando éste se traslada a Florencia, llegando a "competir" con Rafael en su famosa Transfiguración. (De la época más rafaelesca ya hablamos aquí)
Unos años después (1521), el mercader Pierfrancesco Borgherini le encargó pintar una flagelación para su capilla en San Pietro in Montorio.

Para ella debió contar con algún dibujo (aunque no la escena entera) proporcionado por el propio Miguel Ángel, cuyas maneras ya había asimilado, tal y como podemos ver en sus anatomías hercúleas que por si mismas generan el propio espacio que se proyecta, literalmente, en las gruesas columnas del segundo plano.

No siguió, sin embargo, al maestro en la técnica, utilizando el óleo e incluso desvinculándose por completo de él en la adaptación de la forma cóncava de la capilla (casi un verdadero pre-barroco), generando un doble espacio, el ilusiorio de la zona central frente a otro, de luz cuasi tenebrista, de los laterales en donde aparecen dos figuras que se sitúan (espacial y mentalmente) entre el espectador y la escena de la flagelación, creando así un conjunto poderoso y a la vez mágico.

Junto a la exhibición anatómica, Sebastiano (llamado del Piombo cuando fue nombrado responsable de los sellos del Vaticano) aplica una luz magnífica y, como ya decíamos, fuertemente contratada, perfectamente conseguida gracias a su pincelada que anima el dibujo (el diseño) tradicional en lo romano.
La concentración de las figuras, especialmente la de Cristo, anticipa su obra final, profundamente contrarreformista, de figuras solitarias y conmovedoras, encerradas en sí mismas
Sagrada Familia. Sebastiano del Piombo. Catedral de Burgos

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