jueves, 23 de febrero de 2017

LOS CRUCIFICADOS DE ZURBARÁN

MNAC. Barcelona

Hablábamos en otra ocasión la capacidad de Zurbarán para la expresión de las expresiones más sublimes relacionadas (de una forma amplia) con el éxtasis místico o los más profundos sentimientos religiosos (pero a la vez, y precisamente, tan humanos).
Esta capacidad la explota de forma singular en las crucifixiones en donde la soledad de Cristo es total, rodeada de oscuridad y muy a menudo bañada por una luz cruda y lunar que multiplica aún más la intensidad de las emociones y crea un profundo silencio.
Museo de Bellas Artes. Sevilla

Aún siendo correcta su anatomía, nuestra mirada se centra en doble foco, los excepcionales blancos del paño de pureza y el rostro de Cristo en sus distintos momentos de su agonía hasta el final total.
Marchena

De todos ellos siento especial emoción ante el crucificado de Marchena, iluminado (según algunos estudiosos) por la luz mortecina del eclipse producido por su muerte.
Toda su rotunda anatomía desplomada sobre la tierra, apenas si sujeta por la cruz, hincada en ella con una rotundidad aplastante.

Iconográficamente sigue las indicaciones de Pacheco de los cuatro clavos, posando los pies en el subpedáneo como lo haría Velázquez o Cano

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