viernes, 17 de marzo de 2017

BENLLIURE. MONUMENTO A CASTELAR


La presente obra de Benlliure dedicada al efímero presidente de la I República es una perfecta representación de la escultura española decimonónica (al menos en espíritu, pues se realiza en 1908).
Se trata de un típico monumento público realizado por suscripción pública en donde el Estado liberal que lo promueve reivindica al político republicano dentro de las nuevas coordenadas de la historia y el nacionalismo patrio básicas para entender todo este tipo de arte público.
Para ello se sitúa en una de las principales vías de la ciudad (en el momento uno de sus principales ejes de expansión) en donde se reivindica esta historia propia de forma didáctica a la población.
No nos debe extrañar, por tanto, la abundancia de los simbolismos o el carácter enfático de sus figuras, con expresiones y ademanes un tanto exagerados, redundantes.
Veámoslos de forma sintética.
Benlluire renuncia a la posición central de protagonista habitual en este tipo de obras para crear una máquina de lectura continuada que obligará al espectador a observar la obra desde varios puntos de vista (más fácil en sus primeros tiempos, ahora más compleja con el aumento de tráfico y el ensanche de la avenida)
Hacia el sur se coloca la figura del político, entendiéndolo especialmente como gran orador (que fue), levantándose de su escaño y con el enfático gesto de la mano. Realizado en bronce, acaso sea la figura más relevante de todo el conjunto, con un tratamiento del bronce que nos puede recordar a su admirado Rodin, creando superficies rugosas en donde la luz se descompone en múltiples formas.

A ambos lados de sus figuras encontramos una doble alegoría.
Por unas escalinatas ascienden hacia el orador (realizados en mármol) Demóstenes y Cicerón, maestros de la oratoria.

Por el contrario son las figuras alegóricas de un trabajador, un soldado y un estudiante que nos hablan de su ideología republicana (y se relacionan con el Trabajo, la Fuerza y el Estudio), junto a una extraña mujer desnuda ¿Venus, alegoría de la oratoria o la Verdad?)

En la parte trasera, ya en forma de relieve, se nos muestra la figuración de uno de sus más conocidos discursos “Levantaos esclavos porque tenéis patria.”, buscando la abolición de la esclavitud en las colonias de ultramar, mientras que el soldado superior con gran cañón se refiere a las reformas que realizó en el Cuerpo de Artillería

Todo este complejo monumento se corona con las Tres Gracias bajo las cuales corre el lema de la Revolución francesa: Libertad, Igualdad, Fraternidad.

Como corresponde a un monumento de estas características toda la historia real (con más sombras que luces, con las fuertes represiones del movimiento cantonalista de Cartagena o la continuación de la Guerra Carlista) es sustituida por otra por completo idealizada que habla de libertad y elocuencia.
Esto nos habla (volviendo así al principio de artículo) de cómo el Estado (en ese momento de un liberalismo de laboratorio derivado de las reformas de Cánovas) manipula la historia y reconfigura la obra de Castelar para convertirla en un remanso de placidez clásica, la misma imagen que quiere dar de su gobierno, acosado por múltiples frentes a los que nunca termina por enfrentarse en una perfecta imegen entre la España Real y la Imaginada por las élites que terminará reventando por sus costuras en una nueva república (la Segunda)
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