lunes, 6 de marzo de 2017

MURILLO Y LOS NIÑOS


Veinticinco años separan estos dos cuadros con los que abrimos el artículo. Un cuarto de siglo en el que Murillo evolucionó desde los modos tenebristas (cercanos a Ribera) hacia una pintura cada vez más suelta y etérea en donde la realidad (al menos su matices más sórdidos) se iba difuminando como lo hacía su pincelada (cada vez más vaporosa) y lo terrible daba paso a lo edulcorado.

¿Qué había sucedido para este cambio?


Niños jugando a los dados
Tomado de wikipedia

La respuesta no es sencilla, aunque la evolución sea evidente.
Por una parte hay motivos personales, la propia tragedia del pintor, ya superada la cincuentena, viudo y llego de hijos, que acaso le llevó a una actitud más sentimental de su pintura (aunque, curiosamente, para nada contagiada a las grandes obras de su último periodo, como las obras para los Capuchinos o el Hospital de la Misericordia).

Santa Isabel de Hungría. Hospital de la Caridad

Otra teoría habla de una evolución de la propia sociedad española (y sevillana en concreto) cada vez más hundida en la crisis (recordemos que nos encontramos en el reinado de Carlos II) que ya no emplea la denuncia (como sería su niño expulgándose) ni siquiera emplea la melancolía (como vimos en el último Velázquez) y prefiere la negación de la realidad, buscando una forma embellecida de la misma que es la base de estas obras de madurez (como ya vimos en las Imnmaculadas)

Incluso (y sin negar lo anterior), no podríamos descartar un genuino cambio de sensibilidad que le va aproximando a las maneras rococós de la misma manera que está realizando La Roldana en años semejantes, tanto en la corte como en la propia Andalucía y que triunfará definitivamente en el siglo siguiente (XVIII)



Junto a estas teorías existe un dato (de historia social del arte) sumamente importante. Hemos de recordar que gran parte de esta pintura no es comprada por clientes españoles.
El puerto de Sevilla, aún en plena decadencia, ofrecía un mercado más amplio que el eclesiástico-cortesano típico de o hispano, como  Nicolás Omazur, hijo de una  familia de pañeros flamencos, que pronto se convirtió en cliente, el comerciante genovés Giovanni Bielato y otros tantos burgueses lejanos por completo del mundo contrarreformista del Niño expulgándose (como ya explicamos aquí) y con una sensibilidad que preludia el rococó.
                                          Los Niños de la Concha
Tomado de wikipedia

En este nuevo mercado Murillo desarrolla todo este género infantil que algunos han querido poner en relación con ejemplos flamencos, Bernhard Keil, aunque observando la obra del pintor bien podría pensarse en una evolución propia condicionada por las ideas expuestas anteriormente.
Una obra propia que, a veces con apoyo de los religioso (como los niños de la concha), otras exclusivamente laica (la vida cotidiana de los arrabales sevillanos) consigue recrear una realidad dulcificada que tanto éxito tendrá en Europa septentrional (en donde Murillo fue durante casi un siglo y medio el pintor español más valorado) influyendo decisivamente en su  evolución rococó (Gainsboroungh) o en la obra madura de Renoir

Visión de San Antonio. Detalle

Curiosamente este éxito trabajó en contra del futuro de su pintura, tan utilizada para calendarios, recordatorios de comuniones, cuadros piadosos de escasísima calidad ... que exageraron su carácter dulzón hasta hacerlo coincidir con una visión beata de la religión (como sucedería también con alguna obra de Rafael) que produjo rechazo (frente al siempre emergente Velázquez desde su redescubrimiento de Manet o Zurbarán o El Greco, mucho más queridos por la vanguardia) y sólo estudios más recientes están comenzando a devolver al pintor la extraordinaria calidad que siempre tuvo


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