miércoles, 29 de marzo de 2017

VAN GOGH EN ARLÉS (2). Los inicios del desequilibrio



He tratado de expresar que el café es un sitio donde uno puede arruinarse, volverse loco, cometer crímenes;(…) una atmósfera de hornaza infernal, de azufre pálido, para expresar así algo como la potencia de las tinieblas de un matadero 

Al trabajo febril se le unió un consumo cada vez más abusivo de alcohol y tabaco, un régimen de comidas cada vez más irregular y, al final del túnel, la soledad.

 De esta manera comienzan a aparecer las primeras crisis (¿epilepsia de una sífilis mal curada?, ¿trastorno bipolar?) que le irán introduciendo en un círculo vicioso (miedo al exterior, una posición cada vez más hostil de los vecinos de Arlés) que explotará definitivamente con la llegada de Gauguin.

Como ya decíamos, Vincent acariciaba el sueño de crear una sociedad de artistas (extraña mezcla de nostalgia prerrafaelista combinada con sueño social a lo Monticelli), e insistió en sus cartas a su hermano que convenciera a Gauguin (y en el fondo le mecenara) para que viniera a residir con él.
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La silla da Gauguin

Cuando al final lo consiguió, la famosa Casa Amarilla se convirtió en un verdadero campo de fuerzas magnéticas en conflicto que terminó con su famosa discusión en donde le amenazó con una navaja de afeitar que terminaría al cortarse el lóbulo de la oreja, ingresando en el sanatorio de Arlés.

 La famosa Casa amarilla

Toda esta peripecia autobiográfica se plasmará en sus cuadros que insistirán cada vez más en un mundo negativo y angustioso donde antes había clasicismo japonés.

La primera evidencia será su cambio de perspectiva, cada vez más alzada y deformada, con la que manipulará el paisaje (y especialmente los interiores), haciéndolos verdaderamente invivibles.

 De la misma manera, sus armonías anteriores irán cediendo ante el empuje de colores cada vez más agresivos y chirriantes, en donde los fríos comenzarán a luchar contra los cálidos en una batalla sin fin, con el amarillo como gran invitado en sus cromatismo más intensos.

Me sostuve con café y el alcohol. Admito todo eso, pero seguirá siendo cierto que para alcanzar la alta nota amarilla que alcancé este verano, me hizo falta empinar un poco el codo
Cartas a Theo


Por último, la pincelada se irá volviendo cada vez más pastosa y con una ejecución más agresiva y sincopada.



Icológicamente, aparecerán en sus obras los interiores, los nocturnos, el autorretrato (como ya decíamos, acaso como una forma de autovigilancia) y las obras que (desde una deriva simbolista) representarán de forma oblícua al propio pintor (su famosa silla) o al ansia de de compartir (su habitación con elementos duplicados)




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