viernes, 5 de mayo de 2017

MAN RAY. REGALO


Mucho más conocido por su obra fotográfica (aquí analizamos su fotomontaje el Violín de Ingres), Man Ray ingresó en el Dadá parisino de la mano de Duchamp y, según narra  Rasula, en un paseo acompañado por Erik Satie , compró la plancha a la que luego añadiría los clavos.
Un verdadero rapto poético que, en terminología de Duchamp, se trataría de un ready made asistido, pues el objeto ha sido manipulado.
Con la simple adición de esos clavos el objeto, tan cotidiano y prosaico, pierde su carácter anodino para cargarse de agresividad, rasgando aquello que habría que planchar.
Ese sadismo implícito le convierte en prototipo de ciertas corrientes subterráneas que aflorarán el el ya muy próximo surrealismo (pienso en algunas obras de Óscar Domínguez, por ejemplo, o en la idolatrada figura de Sade o en los escritos de Bataille), yendo un paso más allá de la simple "locura" dadá, que sí responde perfectamente al título, regalo (de boda, según su propio autor), y su ruptura de las normas sociales en donde la broma y la ironía (y en su mayor grado, la pura provocación) sustituyen a la educación y las buenas maneras



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