miércoles, 3 de mayo de 2017

MATISSE. INTERIOR CON CORTINA EGIPCIA


Los propios impedimentos físicos pueden ser todo un revulsivo para un gran artista como lo fue Matisse.
Casi con 80 años sus manos cada vez más artríticas y confinado a una silla de ruedas, el pintor se reinventó una vez más y empezó a trabajar con formas cada vez más sencillas y colores planos.

Sobre esta nueva técnica, Matisse regresó a alguno de sus temas más queridos (interiores, mujeres recostadas...) para realizar esta obra en donde el color y la curva crea un verdadero joie de vivre (alegría de vivir) en donde la naturaleza (palmeras, limones y granados) se unen sin ningún tropiezo con el arte de los hombres (la cortina de origen egipcio), representando al propio autor de forma oculta (el que mira por esa ventana, une interior y exterior y, a través de la mirada, llene todo de subjetividad y sentimiento).

Toda una verdadera lección de pintura en donde el autor subordina la exuberancia curvilínea de lo natural al riguroso control de la geometría (observad la ventana vs la palmera), dándole un protagonismo (del que tanto beberá Picasso en los años posteriores a la muerte de Matisse) al color negro como profundo contrapunto que hace refulgir más los demás colores, reorganizándolos y dándoles coherencia total

Mientras realizaba esta obra, Matisse (y por los mismos impedimentos físicos) comenzó a trabajar de una forma mucho más radical, los llamados papeles recortados, en donde recortaba papeles coloreados con una tijeras que después eran pegados sobre el soporte.



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